Cherreads

Chapter 11 - ¿Que clase de esposó soy?.

«Tu maldita hada». No pude evitar fruncir el ceño. Ella hizo lo mismo. Aunque, viéndolo bien, creo que esta señorita me salvó de algo.

El tiempo estaba detenido. La sangre que caía de la boca de Wi Seol quedó suspendida en el aire.

«Dime, señorita hada. ¿Por qué me mandaste al pasado y por qué están sucediendo cosas que en mi línea temporal aparecían mucho más adelante?».

Mis ojos se encontraron con los de la hada. Ella dejó escapar un fuerte suspiro y comenzó a hablar:

«Bueno, eso es un efecto mariposa. O eso creo… la verdad es que es tu culpa».

«¿Mi culpa?», repetí, sintiendo un peso en el pecho. Recordé mis treinta años de errores, silencios y oportunidades desperdiciadas. Quizás el destino no era una línea recta, sino un cristal que yo mismo había roto en mil pedazos.

La hada me miraba con una mezcla de lástima y diversión, como quien observa a una hormiga intentando salir de un laberinto.

Fruncí el ceño.

«No era necesario ser tan directa, ¿o sí?».

Ella soltó una risita suave, casi inaudible.

«¿Entonces por qué estás aquí?», pregunté. A decir verdad, era difícil creer que quisiera salvarme. ¿O acaso todos pensamos así?.

«Bueno, sobre eso… la verdad es que te voy a enviar de nuevo al presente».

«¡¿QUÉ?!».

«Cálmate. Te volveré a enviar al pasado. Es para que le eches un vistazo a todo. Por favor, Hajin, resuelve esto. Tienes alrededor de un mes para darte cuenta de todo».

¿Un mes? ¿Qué quería decir con "darte cuenta de todo"? Sinceramente no entendí esa parte. Pero si me opongo será peor. Ella ya demostró ser superior a mí, así que no tiene sentido resistirme.

«Bien», dije encogiéndome de hombros.

Por un segundo eterno no hubo luz ni sonido. Vi flashes de mi vida pasada: el frío de la traición, el vacío de mi apartamento de soltero y el rostro de Wi Seol alejándose de mí. Era el presente que quería olvidar, un abismo negro que amenazaba con tragarme antes de que el tiempo volviera a tomar forma. Mi corazón latió con fuerza, temiendo quedar atrapado en ese limbo de recuerdos mediocres.

Mis ojos aún estaban cerrados. Poco a poco los abrí. Frente a mí estaba Wi Seol, tal como la habíamos dejado. Espero que la hada no la haya devuelto conmigo.

Mi mirada volvió a ella. Tenía la cabeza baja y las manos temblando.

«Seol», dije con expresión seria.

«¿Sí?».

Respondió con tono aterrado.

«¿Qué hiciste durante todo el día de ayer? Quiero que me digas todo».

Mi voz era grave. Ella se sorprendió; nunca le había hablado así y mi expresión siempre había sido la misma.

«Bue-bueno… ayer hice lo de siempre. Trabajé hasta tarde, aunque tenía fiebre porque me desvelé la noche anterior. Y también… la empresa está en quiebra. Lo más probable es que pierda el empleo por las bajas de la compañía. ¿Pero por qué me preguntas esto?».

Su tono era sincero. Me avergoncé de haber dudado de mi esposa. Soy una mierda de hombre. Sus palabras me golpearon más fuerte que cualquier bofetada. Mientras yo me hundía en sospechas y odio acumulado, ella estaba luchando sola contra el colapso de su mundo. Sus manos, pequeñas y temblorosas, eran el reflejo de una mujer que cargaba demasiado peso sobre sus hombros. Me sentí pequeño. Los treinta años de experiencia que presumía tener no me sirvieron para ver que la persona a mi lado se estaba rompiendo en silencio.

Metí la mano izquierda en el bolsillo y saqué el celular. Le mostré el video donde ella me era infiel.

«E-esta no soy yo, te lo juro».

Sus lágrimas brotaban de sus grandes pupilas y me miraban con lástima.

«Tienes una hermana gemela, ¿cierto?».

«¿Cómo es que tú sabes eso?».

Bajó la mirada sin vacilar.

«¿Crees que ella es mi hermana? ¿No desconfías de mí?».

Ya desconfié de ella una vez. No volveré a cometer el mismo error.

«Vamos a la casa de Ha Ji-Oh», dije mientras observaba un pedazo de papel sobre la mesa.

Ella dudó un instante, pero finalmente habló:

«Bien, vamos».

Su rostro, antes lleno de dudas, ahora mostraba determinación.

Creo que no tiene sentido un cambio tan repentino por nada. De todas formas, es algo bueno… o eso creo.

Caminamos hacia la puerta. El aire se sentía distinto. El "mes" de plazo que me dio la hada ya estaba corriendo, y cada paso hacia la casa de Ha Ji-Oh se sentía como acercarme al borde de un precipicio. El misterio de la gemela era solo la punta del iceberg. Si todo lo que sabía del pasado estaba cambiando, ¿qué clase de monstruo encontraría al final del camino? No importaba. Esta vez no iba a dejar que el miedo decidiera por mí.

Pero estoy cansado.

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