Cherreads

Chapter 14 - ¿Por qué tengo que ser yo?.

Estando en mi habitación, solo podía observar las manchas de humedad en el techo, trazando mapas imaginarios de una vida que ya no me pertenecía. ¿Por qué tengo que ser yo? No tengo un talento especial, no soy un héroe de esos que salen en los Webtoon que lee Noran. Simplemente soy un hombre de treinta años atrapado en el cuerpo de un adolescente inútil. El cansancio mental me venció y, sin darme cuenta, el vacío del sueño me tragó.

«Oppa, despierta… tenemos visitas». La voz de mi hermana rompió la burbuja de mi letargo.

¿Visitas? Un escalofrío me recorrió la espalda. Si era alguna de "ellas" (Wi Seol, Ji-Won o la intensidad de Sigeon), prefería saltar por la ventana de una vez. Me levanté a trompicones y corrí al baño. El reflejo en el espejo me devolvió una mirada demacrada. Me lavé la cara con agua helada, intentando despertar al Hajin que toma decisiones, no al que se deja llevar.

Me puse una camiseta blanca y unos pantalones color mostaza, algo sencillo. Al final, las sandalias con medias; mi uniforme de batalla doméstico. Mientras bajaba las escaleras, el aire se sentía pesado, cargado de una electricidad estática que me erizaba los vellos de la nuca.

En la entrada vi a una mujer de cabello corto con un sombrero de campo que parecía sacado de un drama de los años 90. Pero ella no era el problema. Mi mirada se clavó en la figura a su lado. El mundo pareció perder el color. Apreté los dientes con tanta fuerza que sentí que uno de mis molares iba a estallar.

Cálmate, Hajin. No seas el estúpido que fuiste en la otra vida.

«Ya llegué… disculpen las molestias», solté, forzando una reverencia tan rígida que resultó insultante. Quería escupirles, pero en su lugar mis ojos se encontraron con los de él. «Hola… padre».

Mi voz sonó como el eco en una cueva vacía. Mi padre había envejecido, pero mantenía esa estampa de falsa importancia. Estaba más gordo, envuelto en ropa de marca, el uniforme típico de un jefe de empresa que cree que el dinero compra el perdón. Se quedó observándome, evaluándome como a una mercancía defectuosa.

«Hola», logró decir. La tensión en la sala era tan densa que se podía cortar con un cuchillo. Mi madre y mi hermana estaban en un rincón, como sombras asustadas.

«¿Qué haces aquí?», pregunté. Mi rostro era una máscara de calma, pero por dentro mis sentidos gritaban. Era como si un aura oscura estuviera emanando de mis poros.

«¿Acaso no puedo venir a ver a mis queridos… hijos?», respondió él, y esa palabra, "hijos", me revolvió el estómago de forma violenta. Sentí una bilis amarga subiendo por mi garganta.

«Deja de decir estupideces. Nunca nos has querido. Y ahora que tienes una nueva esposa, vienes a intentar actuar como el gran patriarca. Me das asco».

¡ZAS!

El impacto de su mano contra mi mejilla hizo que mi cabeza girara violentamente. El ardor fue instantáneo, pero lo que dolió no fue el golpe, sino la humillación de volver a ser el niño golpeado. Mis ojos se abrieron de par en par.

Bajé la mirada. En el suelo, cerca de la entrada, había una piedra decorativa que mi hermana debió traer del jardín. En ese momento, algo dentro de mi cerebro hizo clic. La cordura se rompió como un cristal golpeado por un martillo.

«JAJAJA… ¿Eso es todo?», empecé a reír. Era una risa ronca, rota.

De mi ojo izquierdo brotó una lágrima cargada de treinta años de rencor, pero el derecho permanecía seco, frío, lleno de una sed de sangre que nunca supe que tenía. Ya no era Hajin el estudiante. Era el monstruo que el abandono había creado.

¡CRACK!

No fue un golpe limpio. Le estrellé la piedra en pleno rostro antes de que pudiera reaccionar. El sonido del hueso chocando con el mineral fue la melodía más hermosa que escuché en dos vidas. Mi padre cayó al suelo, gimiendo, pero yo no me detuve.

«¡Vete de aquí, maldito fenómeno! ¡Muérete de una vez!».

Me lancé sobre él. ¡GOLPE! ¡GOLPE! ¡GOLPE! Cada impacto me salpicaba la cara. Reía mientras las lágrimas seguían fluyendo solo por el lado izquierdo de mi cara. Mi madre gritaba, mi hermana me halaba de la camisa, pero yo quería terminar el trabajo. Quería que dejara de respirar el mismo aire que nosotros.

Tengo que matarlo. Si lo mato, el ciclo se cierra.

Justo cuando iba a descargar el golpe final, sentí un impacto seco en mi frente. La mujer del sombrero me había soltado una patada brutal con la punta de su tacón. La oscuridad me reclamó al instante, y lo último que escuché fue el zumbido de mis propios oídos mientras el suelo me recibía.

Mi mente se fue hacia uno de mis recuerdos.

Cuando era niño me gustaba jugar videojuegos, pero yo era realmente malo. Aun así disfrutaba jugar. También lloraba mucho. Incluso cuando tenía diez años lloraba mucho.

Pero un día, cuando yo tenía de seis a siete años (no recuerdo muy bien), mi mamá me presentó a mi padre. Al principio estaba feliz. Pero cuando mi mamá salía a trabajar, él metía otras mujeres en la casa.

Y siempre olía a flores secas quemadas. Un humo que hacía que mis pulmones de niño me dolieran. Estando ya de adulto supe que siempre fue droga. Le conté todo a mi mamá y yo me llevé una golpiza. Mi mamá y mi papá se divorciaron por mi culpa. O eso creo.

_____________________________________

El sonido de un monitor cardíaco inexistente pitaba en mi cabeza. Abrí los ojos y lo primero que vi fue el techo blanco, pero esta vez no había mapas de humedad, solo una luz cegadora que hacía que el taconazo en mi frente pulsara como una bomba de tiempo. Intenté incorporarme, pero una mano firme y cálida me detuvo por el hombro.

«No te muevas, idiota. Casi te abres el cráneo». La voz de Sigeon era seca, pero noté un rastro de alivio en ella.

Giré la cabeza lentamente. No estábamos solos. Mi habitación, que usualmente se sentía vacía, estaba a reventar.

En la esquina, Wi Seol me miraba con una intensidad que me hizo querer volver a quedar inconsciente; sus ojos estaban rojos, como si hubiera estado llorando o planeando un asesinato. A su lado, Yu Noran hojeaba un manga distraídamente, pero sus manos temblaban. Y cerca de la ventana, como una aparición, Ji-Won observaba el horizonte con esa calma gélida.

«¿Dónde… dónde está mi padre?», mi voz salió como un graznido.

«Se lo llevaron en una ambulancia», respondió Wi Seol, dando un paso adelante y apartando la mano de Sigeon de mi hombro con un movimiento brusco. «Tu "madrastra" quería llamar a la policía, Hajin-kun. Dijo que eres un peligro para la sociedad».

Sentí que el estómago se me caía a los pies. Si la policía intervenía, mis "treinta años de experiencia" terminarían en una celda juvenil. Pero Wi Seol se inclinó hacia mí, invadiendo mi espacio personal con ese aroma a jazmín que tanto odié y amé en el futuro.

«Pero no te preocupes», me susurró al oído, tan bajo que las demás apenas pudieron oír un murmullo. «Ya me encargué de que ella se quedara callada. Le recordé un par de "detalles" sobre las cuentas bancarias de tu padre que aún no han sucedido en este tiempo… pero que yo ya conozco. Ahora ella nos tiene miedo, Hajin».

Me quedé helado. Wi Seol estaba usando el conocimiento del futuro no para salvarse ella, sino para controlar mi entorno.

«¿A qué precio, Seol?», pregunté, mirándola a los ojos.

Ella solo sonrió, una sonrisa que no llegó a sus ojos.

«El precio es que ahora me perteneces un poco más. ¿Verdad, esposo?».

Desde la ventana, Ji-Won soltó una risita suave que cortó la tensión como un bisturí.

«Qué dramática eres, "esposita". Hajin no necesita chantajes, necesita paz. ¿Verdad, amor?». Ji-Won se acercó a la cama, ignorando las miradas asesinas de las otras tres.

«Por cierto, Hajin-kun… tu madre dice que un tal Ha Ji-Oh llamó preguntando por ti. Parece que tiene prisa por verte».

El nombre de Ha Ji-Oh me hizo reaccionar más que el dolor físico. El traidor. El hombre que me quitó todo. Pero me lo devolvió.

Ha Ji-Oh entró por la puerta. Su expresión era de preocupación. Ha Ji-Oh es la verdadera belleza de un hombre. Si fuera mujer estaría babeando por él. Pero ellas no, les afecta.

«Te encuentras bien, amigo». La voz de Ha Ji-Oh salió entrecortada. La fatiga de venir corriendo hasta aquí.

Intenté llevar una conversación lo más normal posible. Pero las chicas emanaban un aura asesina que se dirigía a Ha Ji-Oh. Bueno, entiendo sus preocupaciones, pero gracias a él estoy de vuelta.

Después de hablar y reír por un rato, todos decidieron ir a sus hogares.

«Uff… al fin solo». Me dejé caer en la cama cerrando los ojos. Mi conciencia poco a poco se volvía negra.

More Chapters