Cherreads

Chapter 13 - Situación complicada.

Frente a mí estaba discutiendo Wi Seol y Yu Noran. Para explicar cómo llegué a esto, la respuesta es simple: no tengo ni idea.

No sé por qué están discutiendo, pero bueno. Después de terminar de comer, nos fuimos a clase. De ahí, ellas empezaron a mirarse de forma extraña, como si sus miradas soltaran chispas eléctricas. Ya sabía yo que esto saldría raro.

«Hajin, vamos a tomar un café», dijo Wi Seol sujetando mi brazo derecho.

«Hajin, ¿qué te parece mejor un chocolate caliente?», replicó Yu Noran pegándose a mi brazo izquierdo. Sus miradas eran tan ardientes que sentí que el aire se calentaba.

No, espera… creo que sí están prendiendo fuego con las miradas. Si es así, voy a terminar convertido en carbón y después en cenizas. Nope, definitivamente no quiero desaparecer quemado.

Más importante: ¿qué les sucede a estas dos? Es la primera vez que se ven y ya tienen problemas. Me pregunto si todas las mujeres son así. No, no creo; todas las personas somos diferentes.

El sudor frío comenzó a bajar por mi nuca. Sentía que si me movía un milímetro hacia un lado, la otra me cortaría la cabeza. Yu Noran apretaba mi brazo izquierdo con una fuerza que no parecía de una chica "otaku", y Wi Seol… bueno, Wi Seol me miraba con esos ojos que conocía tan bien: una mezcla de amor profundo y una advertencia de muerte inminente.

«Chicas, por favor… me van a dislocar los hombros», logré decir con una voz más quebrada de lo que me gustaría admitir.

Wi Seol entrecerró los ojos y clavó ligeramente las uñas en mi chaqueta.

«Hajin-kun tiene que elegir, ¿verdad? Después de todo, somos amigos de toda la vida…», remarcó la palabra "toda" como si compartiéramos un secreto de estado.

«¡Pero yo soy su compañera de asiento y compartimos gustos que tú no entenderías!», replicó Yu Noran, inflando sus mejillas y pegándose aún más a mí.

En ese momento, el aire se volvió tan pesado que juraría haber visto chispas reales saltar entre sus miradas. Los demás estudiantes en el comedor empezaron a murmurar. «Vaya suertudo», decían algunos. Si supieran que en mi mente solo pasaba la imagen de una guillotina, no dirían lo mismo.

«¡Basta!», exclamé, zafándome de ambas con un movimiento brusco pero cuidadoso. Mis pulmones finalmente agradecieron el oxígeno. «Iremos a la cafetería. Tomaremos un café y un chocolate caliente. Pero si vuelven a jalarme así, me iré a comer con el profesor de gimnasia».

Ambas se quedaron en silencio, sorprendidas por mi repentino arranque de autoridad. Wi Seol bajó la mirada ocultando una pequeña sonrisa de victoria, mientras que Yu Noran solo hizo un puchero.

Caminé por el pasillo sintiendo sus pasos detrás de mí como dos sombras vigilantes. Dios mío, pensé ajustándome los anteojos, un mes para resolverlo todo y apenas estoy sobreviviendo al primer recreo. El hada debe estar riéndose de mí en algún lugar del vacío.

La cafetería estaba a reventar. El olor a granos de café tostado y pan dulce intentó relajar mis nervios, pero tener a Wi Seol a mi derecha y a Yu Noran a mi izquierda era como caminar entre dos tanques de gasolina con un encendedor en la mano.

Nos sentamos en una mesa pequeña al fondo. El silencio era tan denso que podía escuchar el tictac de mi propio reloj.

«Hajin-kun, ¿no crees que hace calor?», soltó Wi Seol de la nada, quitándose la chaqueta del uniforme para dejar ver sus hombros. Me miró fijamente, como esperando una reacción.

«Recuerdo que te gustaba mucho este clima… antes».

Yu Noran no se quedó atrás. Golpeó la mesa suavemente con su taza de chocolate.

«El pasado es aburrido, Hajin. Lo que importa es lo que estamos leyendo ahora, ¿verdad? Por cierto, ¿viste el último capítulo de The Beginning After The End? Arthur está en una situación… complicada. Casi como la tuya».

Me atraganté con el primer sorbo de café. Esa niña era más perspicaz de lo que aparentaba.

«Yo… sí, lo vi», respondí limpiándome la boca. «Pero a veces no puedes escapar del pasado, Noran. A veces el pasado te persigue hasta que te atrapa».

Wi Seol sonrió, una sonrisa triste que me dolió en el pecho. Sabía que estábamos hablando de nosotros, aunque Noran pensara que hablábamos de un webtoon.

Justo cuando iba a decir algo más para calmar las aguas, una sombra se proyectó sobre nuestra mesa. Levanté la mirada y sentí que la sangre se me congelaba. Era la profesora Choi Min-Ah. Sostenía una bandeja con un té simple y nos miraba por encima de sus lentes con una frialdad que cortaba el aire.

«Kim Hajin. No sabía que las matemáticas daban tanta sed como para traer a dos guardaespaldas a la cafetería», dijo con su voz irritada de siempre. «Espero que esa energía la uses mañana en el examen. Por cierto… Wi Seol, ¿podemos hablar un momento en mi oficina después del almuerzo?».

El rostro de Wi Seol se puso pálido. Sus manos, que hace un segundo estaban firmes, empezaron a temblar bajo la mesa.

«S-sí, profesora», susurró ella.

Min-Ah asintió y se retiró sin decir nada más. Su mirada se cruzó con la mía un segundo antes de irse, y juraría que vi un destello de algo que no era simple irritación.

El estrépito de la taza rompiéndose contra el suelo hizo que el tiempo se congelara. El charco de café se extendía, pero mis ojos estaban fijos en la figura que acababa de aparecer.

«¿Hajin-kun? ¿Por qué me miras así? Parece que hubieras visto a un fantasma», dijo Ji-Won con una sonrisa dulce, la misma sonrisa que yo recordaba de mis pesadillas.

Me quedé sin aire. Detrás de mis anteojos, mis pupilas se dilataron. En mi vida pasada, Ji-Won se había lanzado desde el Puente Mapo una semana después de nuestra ruptura. Recuerdo el frío de aquel día al leer la noticia en el periódico y mi cobardía… esa maldita cobardía que me impidió ir a su funeral. Durante mis treinta años cargué con la culpa de no haberle dado un último adiós, de haberla dejado sola en ese ataúd mientras yo intentaba olvidar.

Pero aquí estaba ella. Viva. Y lo peor… me miraba con amor.

«Oye, te estuve esperando en la entrada. ¿Se te olvidó que íbamos a ir por un helado después de clases?», Ji-Won se acercó y, sin previo aviso, me apartó un mechón de pelo de la frente con una naturalidad que me dio escalofríos.

«Te ves guapo con esos anteojos, aunque no entiendo por qué los sacaste del clóset hoy».

A mi lado, Wi Seol soltó un sonido que fue mitad sollozo, mitad gruñido. Ella se puso de pie, temblando. En el futuro, yo le había contado sobre Ji-Won en mis noches de borrachera y odio. Wi Seol sabía que Ji-Won era la raíz de toda mi amargura.

«¿Quién… quién eres tú?», preguntó Wi Seol. Su voz vibraba con una furia contenida que amenazaba con estallar.

Ji-Won parpadeó, confundida, y miró a Wi Seol como si fuera un bicho raro.

«¿Yo? Soy Ji-Won, la novia de Hajin. ¿Y tú eres…? ¿Una compañera de clases?».

Novia. La palabra golpeó mis oídos como un mazo. En esta vida, el accidente del puente no había ocurrido. O quizás el hada simplemente había rebobinado el cassette hasta antes de la tragedia.

Miré a Wi Seol. Estaba pálida, con los ojos inyectados en sangre. Luego miré a Ji-Won, que sostenía mi mano con calidez. Y al fondo, Yu Noran alternaba su mirada entre las dos, procesando el chisme del siglo.

«Hajin…», susurró Wi Seol, y pude ver una lágrima traicionera correr por su mejilla. «Dime que es una broma. Por favor, dime que no es cierto».

Mi mente era un caos. Sentía la calidez de la mano de la mujer que "maté" con mi indiferencia durante mis treinta años, y el frío del corazón roto de la mujer con la que me casé. La culpa de no haber ido al funeral de Ji-Won se mezclaba con el terror de perder a Wi Seol otra vez.

«Ji-Won, yo…», intenté hablar, pero el nudo en mi garganta era demasiado grande.

«¿Pasa algo, amor? Estás muy pálido», insistió Ji-Won, acercándose más a mí, ignorando por completo el aura asesina que desprendía Wi Seol. «Si te sientes mal, podemos irnos a descansar. Sabes que siempre estaré aquí para cuidarte, como prometimos».

El silencio en la mesa se rompió no con palabras, sino con el sonido de la silla de Wi Seol arrastrándose violentamente contra el suelo. Ella se puso de pie, y por un segundo su aura fue tan pesada que los estudiantes de las mesas cercanas dejaron de comer.

«Suéltalo», dijo Wi Seol. Su voz no temblaba; era un susurro gélido que cortaba más que un bisturí.

Ji-Won parpadeó, confundida, pero no soltó mi mano. Al contrario, entrelazó sus dedos con los míos, apretando con esa posesividad que yo recordaba de nuestras tardes.

«¿Disculpa? ¿Quién te crees que eres para hablarme así? Hajin y yo estamos hablando», respondió Ji-Won con una calma que me ponía los pelos de punta.

«Soy la persona que ha estado a su lado cuando tú no eras más que un…», replicó Wi Seol, dando un paso al frente. Sus ojos estaban fijos en la mano de Ji-Won sobre la mía.

Entonces, una tercera voz entró al combate.

«Oigan, oigan… bájenle dos», soltó Yu Noran, cruzándose de brazos y poniéndose de pie también. «Wi Seol, te pasas de intensa, pareces una loca acosadora. Y tú, la del suéter negro… no sé quién seas, pero Hajin ha estado sentado conmigo todos estos días. Si fueras su "novia", sabrías que odia que lo toquen así de repente cuando está comiendo».

Ji-Won arqueó una ceja, mirando a Noran de arriba abajo con desprecio.

«¿Y tú eres…? Ah, la chica que le presta los apuntes. Qué tierno. Hajin-kun, ¿quiénes son estas personas y por qué creen que tienen derecho a interrumpirnos?».

Me sentí como un animal acorralado. El sudor frío bajaba por mi nuca, empañando mis anteojos.

Wi Seol me miraba con la desesperación de una esposa que ve a su marido con otra.

Ji-Won me miraba con la inocencia de una novia que no sabe que murió en otra vida por mi culpa.

Yu Noran me miraba con la curiosidad de quien quiere proteger su "territorio" de lectura y amistad.

«¡Hajin, dile quién soy!», exclamó Wi Seol, golpeando la mesa. «¡Dile que yo soy la que se queda contigo hasta la madrugada cuando no puedes dormir!».

«¡No, Hajin-kun, dime qué está pasando!», intervino Ji-Won, su voz empezando a quebrarse, lo que activó todas mis alarmas de tragedia. «¿Acaso esta chica… es tu amante? ¿Por eso estabas tan raro?».

«¡Es obvio que Hajin prefiere estar conmigo hablando de cosas interesantes que con ustedes dos, que solo saben gritar!», remató Noran, pegándose a mi brazo izquierdo, desafiando a las otras dos.

En ese momento, el aire en la cafetería se volvió irrespirable. Wi Seol apretó los puños, su cara roja de rabia y dolor. Ji-Won empezó a sollozar silenciosamente, esa táctica que siempre me destruía. Y Noran no soltaba mi brazo, marcando su posición.

«¡BASTA!», grité, zafándome de ambas con un movimiento brusco. El sonido de mi propia voz me sorprendió; era la voz del Hajin adulto, del hombre que estaba harto de huir. «Iremos a la azotea. Las tres conmigo. Ahora».

Caminé hacia la salida sin mirar atrás, sintiendo sus tres miradas clavadas en mi espalda como flechas. El hada quería que me "diera cuenta de todo". Bueno, me acababa de dar cuenta de algo: el pasado, el presente y el futuro estaban a punto de matarse entre ellos, y yo era el único que tenía el arma del crimen en la mano.

Subimos las escaleras en un silencio sepulcral, solo interrumpido por el eco de nuestros pasos. Al llegar a la azotea, el viento sopló con fuerza, agitando el cabello de las tres. Me detuve frente a la barandilla, mirando hacia el horizonte, y suspiré. Sabía que después de esto nada volvería a ser igual.

«Escuchen bien», dije, dándome la vuelta. Me quité los anteojos y las miré con los ojos de un hombre que ha visto morir su propio futuro.

«No soy el Hajin que ustedes creen conocer. Tengo treinta y dos años en la mente de un chico de diecisiete. He vivido de miseria, me casé con Wi Seol, vi a Ji-Won morir en el Puente Mapo y cargué con la culpa de su funeral durante media vida».

El silencio fue absoluto. Ji-Won retrocedió un paso, palideciendo. Wi Seol apretó los dientes, confirmando lo que ella ya sospechaba. Noran simplemente me miró con una curiosidad científica.

«Ji-Won, en mi pasado tú saltaste. Por eso me aterra tocarte. Wi Seol, tú y yo nos destruimos mutuamente en el futuro. Y Noran… tú ni siquiera existías en mis recuerdos originales».

Les conté todo: el hada, el mes de plazo, la empresa en quiebra y la traición de Ha Ji-Oh.

Esperaba que me llamaran loco. Esperaba que se alejaran con miedo. Pero lo que pasó fue mucho más aterrador.

Wi Seol dio un paso adelante, sus ojos brillando con una determinación insana.

«¿Entonces soy tu esposa? ¿En el futuro me elegiste a mí?». Una sonrisa lenta apareció en su rostro. «Si ya te conquisté una vez siendo una mujer rota, ahora que sé lo que viene, no dejaré que te escapes. Te haré feliz aunque tenga que encadenarte a mí».

Ji-Won soltó una carcajada nerviosa, limpiándose una lágrima.

«¿Así que morí? Qué trágico… y qué romántico. Si mi muerte te persiguió por treinta años, Hajin-kun, significa que soy la que más peso tiene en tu corazón. No voy a dejar que ese "futuro" ocurra. Esta vez, me quedaré viva para que no puedas mirar a nadie más».

Yu Noran se ajustó sus propios anteojos, cruzándose de brazos con una sonrisa de suficiencia.

«Vaya giro de guion… Rgresion, viaje en el tiempo y un chico con trauma. Es el mejor isekai que he vivido. Pero se olvidan de algo: yo soy la única que no tiene "pasado" con él. Soy su presente limpio. Y no me voy a dar por vencida solo porque ustedes tengan recuerdos de una vida que ya no existe. Hajin, prepárate, porque voy a escribir un final nuevo contigo».

Me quedé helado. En vez de liberarme, les había dado munición para una guerra. Las tres se miraron entre sí, y por primera vez no hubo gritos, sino una tregua silenciosa y peligrosa. Se habían unido en una sola misión: conquistar al hombre que conocía el destino.

«Esto va a ser un infierno», susurré para mis adentros, sintiendo un escalofrío.

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