Íbamos caminando tomados de la mano, Wi Seol y yo. Sus suaves y cálidas manos me hacían sentir como un niño agarrado de la mano de su madre camino al parque. El olor a metal y el bullicio que tanto odio de la ciudad llegaron a mi nariz. Esta vez me sentía calmado.
Simplemente no lo entiendo. ¿Por qué dudé? ¿Qué clase de hombre duda de su esposa? ¿Quién soy yo en realidad? ¿O qué soy yo? Puedo considerarme humano, hombre, hijo… Tengo la cabeza llena de dudas.
«Ha-Hajin… ¿qué sucede? Tus manos están temblando y estás sudando».
Ella apretó sus suaves manos entrelazadas con las mías.
Suspiré. Miré por un momento el cielo azul.
Frente a la casa de Ha Ji-Oh, me acerqué y toqué la puerta.
¡TOC! ¡TOC!
Repetí el movimiento dos veces.
«¿Ha Ji-Oh?».
Nada.
«¿Ha Ji-Oh?».
Repetí de nuevo. La mirada de Seol estaba clavada en la puerta. Acerqué el oído. De la nada, se abrió.
¿Siempre estuvo abierta?
Entramos. Un olor a sudor y mugre cubrió mi nariz.
Tch. «¿Por qué huele tan feo aquí?».
Seol se llevó la mano izquierda a la nariz mientras la derecha seguía entrelazada con la mía. Podía escuchar una gota de agua cayendo desde la cocina.
La casa estaba literalmente al revés. La ropa tirada, incluso ropa interior de hombres. La alfombra mojada y llena de tierra. Las paredes rayadas y el techo agrietado. ¿Qué clase de vida lleva Ha Ji-Oh? Qué perturbador y qué asco.
Fui a su cuarto, pero extrañamente estaba limpio. Los cuadros estaban en su lugar, la cama bien arreglada y el piso casi reluciente. Me despegué de Seol y me dirigí al clóset. Miré en todas direcciones como si buscara algo. ¿Qué estoy buscando en realidad?
Mi mirada se posó en la cama. Encima había una carta.
¿Quién usa cartas hoy en día?
La abrí con cuidado.
[Hola, Hajin. Tenía la sospecha de que vendrías a mí. Pero simplemente no puedo seguir. Te mentí. Tu esposa nunca te fue infiel; eso lo hice para que te distanciaras de ella. Porque tu atención siempre estaba en ella. Nunca salías a fiestas, tampoco fumabas… eras aburrido. Aun así me gustaba tu compañía porque me dabas calma. Pero sabía que esto sería así y, aunque no me perdones, lo siento. Sé que no puedo compensarte por el mal que hice, pero me fui del país y quizás cuando leas esta carta ya esté en el extranjero. Fue gracioso y divertido conocerte. Quizás nunca nos volvamos a ver, pero al menos sé un poco más feliz, hombre.]
Mis manos temblaron mientras sostenía la carta. De mi ojo izquierdo brotó una lágrima. Del otro, nada.
Wi Seol también leyó la carta. Ambos nos dirigimos de nuevo a nuestro apartamento. El reloj ya marcaba las 07:30 p.m. ¿A dónde se fue el tiempo? Me fui enseguida a mi habitación. Seol no se despegó en ningún momento. Me recosté en la cama y ella hizo lo mismo.
«Ya-ya, tranquilo, aquí estoy contigo», dijo mientras arrastraba mi cara hacia sus enormes pechos. Apreté su camisa mientras mis ojos brotaban lágrimas. Varias me cayeron en la boca; su sabor salado me hacía querer escupir. Pero no quería soltar a Wi Seol. Entre mocos y llantos, mi conciencia poco a poco se fue poniendo oscura. Estoy agotado.
Al día siguiente estábamos desayunando. Fue una mañana normal, como la de cualquier pareja. Mi esposa cocinando y el esposo a punto de irse directo al trabajo. Pero yo estaba desempleado, y ella se esforzaba por seguir adelante. ¿Pero yo qué le había dado a Wi Seol en realidad? Nada, solo sospechas. Me sentía tan miserable por mi falta de valor y mis bajas ganancias. ¿Entonces qué se supone que debo ser ahora? No, mejor no pensemos en eso.
«Wi Seol, acompáñame al cementerio», dije clavando mi mirada en sus ojos.
Ella asintió.
Ambos nos pusimos ropa completamente negra. Nada fuera de lo común, aunque a ella le quedaba mejor. Compré varias flores blancas y nos dirigimos al cementerio.
Al llegar, me acerqué a una tumba que decía:
[Choi Min-Ah
Muerte por accidente de automóvil el 22 de marzo del 2048].
Dejé las flores frente a su tumba y Wi Seol me siguió. El resto del día no fue nada del otro mundo: solo hicimos lo básico, comprar comida en el supermercado, accesorios personales que necesitábamos y galletas. Nos dirigimos a nuestro departamento a las cuatro de la tarde. Después de llegar agotado, me fui a mi cuarto y me recosté mirando hacia la pared.
Un fuerte dolor de pecho recorrió toda la orilla de mi corazón. Mi ritmo cardíaco se aceleró. El aire se trabó en mis pulmones y de mi rostro caían gotas de sudor, como si fueran gotas de lluvia.
Inhalé fuerte y dejé escapar todo el aire enseguida. Un pequeño dolor de cabeza empezó a molestarme.
¿Por qué tengo tanto malestar?
«Buenas noches».
La "hada" se volvió a aparecer frente a mí, pero esta vez no hubo ruido. ¿Ya estaba aquí? Bueno, ese no es el punto. Su ojo, que era de color amarillo, ahora era completamente negro, incluso la parte blanca del ojo. Solo el ojo derecho. El izquierdo estaba completo. Pero ella tenía grietas como si fuera un cascarón de huevo.
«Hajin, decídete de una vez. Veo que estás confundido, pero si no es ahora, no será nunca».
Su rostro, que una vez era juguetón, ahora estaba serio.
«Volverte al pasado, pero con una condición. Y esa es que la Wi Seol de aquí tenga los mismos recuerdos que los de allá. Es decir, que la envíes conmigo. Creo que me gusta más esta versión de ella».
Ella hizo una mueca con su cara, pero finalmente cedió.
Mi cuerpo fue envuelto por un viento turbulento que me arrastró como una hoja que lleva el viento.
Frente a mí estaba Wi Seol. No dijo nada, aunque tampoco era necesario. Pero eso no quita que estoy preocupado.
Yo estaba atado a la silla y ella sentada en mis piernas. La sangre que brotaba de su boca ya no estaba. Ella me miró fijamente. Sus suaves labios pegaron a los míos y, entrelazando lenguas, nos dimos un beso profundo. Ella se despegó de mí y un hilo de saliva quedó en ambos labios.
Ella solo sonrió, me desató y se marchó de una vez. Dejé escapar un fuerte suspiro mientras me fui a mi habitación.
La casa estaba nuevamente vacía, sin nadie dentro. Caminé hacia mi habitación después de beber un vaso de agua. Y al llegar me recosté en la cama.
