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Chapter 15 - Capítulo 15: Políticas de Reclutamiento

Capítulo 15: Políticas de Reclutamiento

Al día siguiente, con la mente más despejada y sin la preocupación inmediata por la 'fiesta de los ladrones' gracias al inmenso poder disuasorio de Murat, Rose pudo centrarse en algo de mayor importancia en ese momento: las políticas de reclutamiento. Si bien Murat ya estaba a cargo, él era un general y estratega, no un líder con el carisma de su padre, cuya presencia era capaz de inspirar incluso al más cobarde para alistarse.

A pesar de sus dudas, el príncipe había discutido su estrategia con el mariscal y su futura suegra. Ambos estaban, cuando menos, preocupados por las implicaciones a largo plazo de entregar subsidios a las familias de los reclutas además de sus salarios. Sin embargo, coincidieron en que la prioridad inmediata era el reclutamiento y entrenamiento, antes de que "la fiesta de los ladrones" pudiera reunir más hombres y lanzar un ataque. Con algo de suerte, el ataque podría no ocurrir, pero los tres concluyeron que era mucho mejor prevenir que curar.

Ahora, más consciente del verdadero y vasto poder del imperio, Mina sentía una curiosidad intensa por los planes del joven príncipe. No porque se sintiera más segura a su lado, sino por esta curiosidad, decidió seguirlo desde el momento en que él anunció el inicio de su "pequeño proyecto".

Al salir del castillo, inmediatamente notaron a uno de los hombres de Murat acercándose. Esto se debía a una necesidad práctica: proteger la caravana. El primer carruaje, tirado por caballos, estaba repleto de sacos de dos libras de trigo, cortesía de Rose. Un segundo carruaje transportaba tiras de carne seca, un suministro crucial, ya que el hambre, como bien sabían, podía volver a la gente imprudente. La presencia de un soldado imperial era suficiente para disuadir cualquier problema la mayor parte del tiempo.

Apenas llegaron a la plaza de la ciudad, el soldado principal captó la atención de inmediato:

—¡Escuchen todos! Hoy estaremos reclutando soldados para formar la milicia de la ciudad. Quienes se alisten pasarán por un riguroso periodo de seis meses de pruebas y entrenamiento. Al finalizar, enfrentarán una prueba de selección, y solo aquellos que la superen serán nombrados oficialmente integrantes del glorioso ejército del Sol Naciente— vociferó, logrando que todos y cada uno de los habitantes presentes en la plaza se acercaran para prestar mayor atención.

—Por supuesto, somos conscientes de que, además de su sueldo, les preocupa el bienestar de sus familias. Por ello, y como incentivo al reclutamiento, el joven Príncipe Heredero Rose ha anunciado que a cada recluta se le otorgará una despensa semanal consistente en una libra de carne seca y dos sacos de dos libras de trigo—. Tras este anuncio, otros dos soldados que se encontraban en la plaza pública se dirigieron rápidamente a los carruajes dispuestos para el evento.

Al instante de finalizar el discurso, se abrieron las compuertas de los carros, revelando que, en efecto, estaban repletos de sacos de trigo trillado. También contenían tiras de carne seca, perfectamente envueltas en un extraño material que no supieron identificar. Por las pequeñas manchas de grasa visibles, asumieron que se trataba de algún tipo de envoltorio diseñado para evitar que la grasa manchara los sacos de tela.

(Nota del autor: Es importante señalar que, si aún no hay papel en los páramos, ver papel de carnicero sería un shock cultural enorme para los personajes).

Ver las raciones perfectamente empacadas, y especialmente la carne, hizo que la gente comenzara a babear. En la ciudad de Sedena, la carne fresca era un lujo, costando aproximadamente 50 monedas de cobre la libra. La mayoría dependía de la carne de caza, una actividad peligrosa debido a la defensa de animales como jabalíes o ciervos, y la amenaza constante de depredadores oportunistas, como los lobos que infestaban la zona.

La carne seca era considerablemente más costosa. Esto se debía al tiempo que tardaba su elaboración, lo que hacía que los pocos comerciantes que ocasionalmente la traían la vendieran generalmente por una moneda de plata (equivalente a 100 monedas de cobre).

Ahora tenían la oportunidad real de comer carne al menos dos veces por semana, lo que sin duda mejoraría significativamente sus ahorros. Esto, a largo plazo, les permitiría acceder a un mejor estilo de vida solo por participar en un programa de reclutamiento. Sin embargo, no sabían que, una vez finalizada la selección, Rose planeaba duplicar la ración, no solo para asegurar su lealtad a largo plazo, sino también porque un soldado necesitaría calorías. En realidad, esa fue la única forma que encontró Rose para garantizar que, una vez fueran soldados, al menos consumieran algo de proteína.

Al observar las ropas gastadas de los hombres, mujeres y niños en la plaza, Rose comprendió de inmediato que los reclutas probablemente entregarían todo lo que pudieran a sus familias.

—Necesito traer animales de granja cuanto antes —murmuró para sí mismo. Había visto unos pocos, pero la población de Sedena era de dos mil personas. Estando tan cerca del otoño y a tres meses del invierno, si realmente quería que el pueblo sobreviviera, necesitarían mucho más que solo dos pares de reses y unos cuantos cerdos.

y ni siquiera había visto pollos, lo que significaba lógicamente que no comían huevos, una forma que sería excelente para mantenerse alimentados. Por lo tanto, su próximo viaje a casa tendría que ser para conseguir tantos pollos como pudiera.

Por el momento, el joven príncipe se limitó a observar cómo la gente empezaba a formar filas lentamente. Había notado, por supuesto, el intento de abalanzarse sobre los carruajes; de no ser por la rápida intervención de los soldados de Murat, que se pusieron al frente. Tres soldados, visiblemente armados y que superaban a la multitud en altura y complexión, resultaron ser un buen elemento disuasorio contra la anarquía.

Acto seguido, el soldado que había finalizado su discurso desplegó con rapidez una mesa alargada y sobre ella colocó un grueso fajo de pergaminos. Eran los formularios de inscripción, escritos a mano, y aunque apenas superaban el centenar, estaban seguros de que serían suficientes para la jornada.

Tras un momento de tensa expectación, un joven, de unos 27 años, fue el primero en reunir el valor necesario para acercarse. Con la celeridad que le permitía su escasa habilidad como humilde campesino que apenas sabía firmar, llenó los formularios. Inmediatamente después, le indicaron que se dirigiera a las carretas para recibir su ración de provisiones de la semana.

Todos observaban con escepticismo, dudando que realmente le entregaran tanta comida solo por alistarse como recluta. Sin embargo, al llegar ante los dos guardias en las carretas, uno de ellos, sin necesidad de alardes —la situación ya era suficientemente llamativa por el nerviosismo de la gente—, simplemente se dio media vuelta, tomó los dos sacos de grano y la bolsa de carne seca, y se los entregó al hombre, sin un gramo de esfuerzo o fanfarria.

Esto, naturalmente, provocó una avalancha de personas que se apresuraron a ser las primeras en la fila. Después de ver que habían cumplido su palabra, y aunque todavía quedaban dudas sobre cuánto tiempo podrían mantener el ritmo, la gente tenía más hambre que otra cosa. Rápidamente corrieron a alistarse o, en el caso de mujeres y niños, a buscar a los hombres mayores para informarles de lo que estaba sucediendo.

—Creo que vamos a necesitar más de lo que trajimos —murmuró Rose para sí mismo al ver el descontrol que había provocado. Afortunadamente, pronto llegaron más hombres para mantener el orden y ordenarles a todos que hicieran una sola fila o cerrarían el día, lo que bastó para calmar a los más ansiosos.

—Señor, ¿es viable esto a largo plazo? —preguntó Mina.

Ella no entendía del todo si el plan iba a perdurar. A fin de cuentas, el grano de trigo era costoso, y ni hablar de la carne. Por más dinero que pudiera tener el príncipe Rose, Mina dudaba enormemente que fuera a ser capaz de sostener esto por mucho tiempo.

—Te diré la verdad... nada es viable a largo plazo, incluso los dioses pueden caer... pero esto servirá por un tiempo, hasta que logre levantar la economía de la ciudad–- respondió Rose con honestidad. Como hijo de Melíone, sabía mejor que nadie que la caída era posible; después de todo, Cronos derrocó a Urano, y luego Zeus, con la ayuda de los Hecatónquiros y su lluvia de piedras del tamaño de una montaña, arrojó al mismo Cronos al Tártaro. Nada era eterno ni infalible, y tarde o temprano caería. Sin embargo, su padre le había enseñado que preocuparse por el futuro en lugar del presente impedía lograr cualquier cosa.

Al final, incluso su padre, famoso por su búsqueda de la inmortalidad se dio cuenta de que prefería mil veces ser inmortalizado como el gran unificador que gobernar para siempre sobre un montón de nada.

—Entiendo —se limitó a decir Mina.

Una sensación le decía que el asunto no era tan sencillo como él lo presentaba, pero como ella no comprendía la mayoría de las cosas que él hacía, supuso que lo mejor era esperar a ver qué sucedía.

Fin del Capítulo

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