Capítulo 8: Acero y Orgullo
Día siguiente...
El cuartel general, tras el estruendo del entrenamiento masivo, se sumió en un silencio sepulcral.
Vesper no buscaba descanso; buscaba sus límites. Se dirigió a la sala de suministros, arrastrando varios maniquíes de pruebas hacia el área de tiro.
Al salir al pasillo, se topó con Riela, quien lideraba un grupo de exorcistas que reían ruidosamente.
—¡Vesper! ¡Nena! —exclamó Riela, dándole un golpe amistoso en el brazo—. Esta noche hay una fiesta en el sector de las cascadas. Ambrosía, música y celebración por el éxito del primer año. Tienes que venir, no todo puede ser afilar la lanza.
Vesper asintió con una brevedad casi mecánica.
—Estaré allí—Respondió Vesper con simpleza.
—¿Vesper?, Verdad... Acaso no cambias de expresión o se te congeló la cara—Bromeó una de las amigas de Riela, mientras las otras exorcistas del grupo murmura.
—Es verdad— Murmuraron entre ella.
—En todo el entrenamiento, no cambio de expresión— Murmuró otra exorcista.
—Esperen es la que rara qué juega con su lanza— Murmuró otra exorcistas con burla.
—Te tomaste enserio, al Jefe en la parte de ser un arma sin emoción— Murmuró otra exorcista con gracia.
—Mmm, Prefiero el término Kuudere o Kuudere Certificada y No juego con lanza la uso de verdad— Respondió Vesper, con una inclinación de cabeza y su cara inexpresiva. Probando oficialmente el término Kuudere con algunas de sus hermanas, mientras aclaraba su entrenamiento.
—Jajajaja, A Vesper. No sabía que tenías sentido del humor, tan friki— Se burlo Riela, seguida de risitas risueña de sus amigas.
—Esta bien "Kuudere Certificada", te llamaremos así o no... Nena— Respondió Riela antes de irse con sus amigas a algún lugar del cielo.
Sin más, Vesper se internó en el campo de tiro vacío. Era el momento de probar su "artillería".
Vesper cerró los ojos, visualizando el flujo de energía dorada desde su pecho hacia la punta de sus dedos. No quería una lanza; quería una detonación.
¡Fium!
Un rayo de luz dorada rasgó el aire con un silbido agudo, impactando de lleno en el torso del maniquí qué había instalado. El material sintético, diseñado para resistir impactos angelicales, simplemente se vaporizó en una nube de partículas brillantes. Vesper exhaló, sintiendo un ligero temblor en sus manos.
«Análisis: Potencia destructiva alta. Consumo energético crítico», evaluó mentalmente. «Tres disparos como máximo. Ese es mi límite actual antes de quedar exhausta. Es un último recurso, no un ataque básico».
Insatisfecha con solo disparar, Vesper decidió que el entrenamiento estático era para principiantes.
Invocó dos espada angelical y, con un movimiento preciso, la incrustó en las manos mecánicas de un maniquí de prácticas avanzado, después invoco su Lanza. Con todo listo activando su modo de combate.
Comenzó a danzar entre estocadas y cortes, centrando su atención en los ángulos de defensa que Carmilla Carmine mencionaría años después, mientras recordaba la paliza qué coreografío contra Vaggie en su canción "Out For Love"
Clang. Clang.
El sonido del metal chocando resonaba en las paredes de mármol. Vesper se movía con una economía de movimiento envidiable analizando cada ángulo evitando cortes letales a centímetro de su cuerpo, cortando en pedazos el último maniquí con un tajo descendente que dividió el bloque de pruebas en dos.
—¿Practicando con armas reales? Eso es... inusual.
Vesper giró sobre sus talones, al reconocer esa voz.
Era Lute (sin su casco de exorcista) estaba apoyada contra el marco de la entrada, con los brazos cruzados y una ceja alzada. Sus ojos escrutaban los restos chamuscados y cortados del equipo de entrenamiento.
Aquí fuera del entranamiento, Ya no era la instructora distante; era una depredadora reconociendo a otra.
—La escoria del Infierno no se queda quieta esperando a ser ensartada —respondió Vesper, bajando su Lanza pero sin deshacerla—Practicar contra algo que no devuelve el golpe es crear una falsa sensación de seguridad.
Lute caminó hacia el centro del campo, analizando a Vesper. Desde el entrenamiento matutino, había notado que esta exorcista en particulara era muy rara no compartía el frenesí desordenado de las demás. Había una frialdad técnica en ella que le resultaba fascinante y, extrañamente, familiar.
—Tienes razón en eso —dijo Lute, invocando su propia espada dorada con un giro de muñeca. Se colocó en una posición de ataque perfecta, agresiva y dominante—. A ver si esa teoría te sirve contra alguien que sí sabe usar un arma.
Vesper sin decir palabras, deshizo su Lanza y Invoco su propia espada. No hubo cuenta regresiva. Lute se lanzó hacia adelante como un rayo.
El choque de las espadas generó una onda de choque que hizo vibrar el aire. Lute era una fuerza de la naturaleza: rápida, fuerte y con una maestría nata. Sin embargo, como Vesper sospechaba, su estilo era puramente ofensivo. Lute atacaba con la certeza de que nadie se atrevería a contraatacar.
Vesper, en cambio, peleaba como si cada golpe pudiera ser el último. Cubría sus flancos, usaba el plano de su espada para desviar la fuerza de Lute y buscaba aperturas en la guardia de la instructora.
—Te cubres demasiado —gruñó Lute tras un intercambio de golpes que las dejó a escasos centímetros una de la otra.
—Y tú te expones demasiado —replicó Vesper.
—No quiero que la sangre de esos pecadores asquerosos me manche el uniforme —respondió Lute con una sonrisa feroz—. Pero... admito que tu estilo tiene sentido.
«Interesante. La Lute que recuerdo, siempre tenía el uniforme con una mancha seca de sangre roja, después dorada. Talvez después le dio Igual y las dejo como alguna medalla. » Pensó Vesper, mientras seguían en su choque de espadas.
Durante la siguiente hora, la práctica se convirtió en una lección mutua.
Vesper absorbió la agilidad y los trucos de combate de Lute, mientras que Lute, casi sin darse cuenta, empezó a adoptar posturas de guardia más cerradas siguiendo el ejemplo de Vesper. Había una química extraña entre ellas: la sádica que disfrutaba la purga y la analítica que buscaba la eficiencia absoluta.
Al terminar, ambas estaban ligeramente sudadas, algo raro para un ángel. Lute deshizo su arma y miró a Vesper con un respeto y interés renovado.
—Noventa y cuatro —dijo Lute de la nada.
Vesper la miró, confundida por un segundo.
—¿Qué?
—Mi puntuación en el exterminio fue. Noventa y cuatro pecadores borrados —Lute se cruzó de brazos, esperando la respuesta.
—Sesenta y siete —contestó Vesper.
Lute soltó una risa seca, pero no burlona.
—No está mal para una principiante "defensiva". Pero el próximo año, espero que esos movimientos de pies te ayuden a alcanzarme.
—Lo haré —afirmó Vesper con su habitual tono inexpresivo—. No por la puntuación, sino por la limpieza del sistema.
Lute asintió, satisfecha.
—Me caes bien, Vesper. Eres rara, pero no eres una idiota como las demás que solo saben gritar y clavar cosas. No llegues tarde a la fiesta de esta noche; Adán va a dar un concierto y odia que le quiten el protagonismo.
Vesper vio a Lute alejarse. Había ganado una aliada, ¿Amiga? poderosa y, lo más importante, había empezado a influir en la mentalidad de la futura mano derecha de Adán.
«Si Lute aprende a defenderse ahora, las debilidades que Carmilla Carmine explotará en el futuro podrían desaparecer», pensó Vesper mientras invocava su lanza. «Poco a poco, estoy rompiendo el guion del destino. Y ni siquiera ha empezado a ser escrito».
Vesper miro su Lanza estándar detenidamente.
«Talvez, podría crear una lanza de doble punta, con Invocación Celestial y aumentar mi eficiencia convirtiendola en mi arma principal y mi Lanza estándar sería mi señuelo» Reflexionó Vesper, mientras deshacía su Lanza.
Después de todo tenía una fiesta a la que asistir y tenía curiosidad de ver como se comportaba Adán, en un entorno normal.
