Cherreads

Chapter 2 - The Broken Chain

—Mañana es lunes… —susurró Caelum. Su voz se quebró a mitad de la frase, y las palabras simplemente… se desvanecieron entre el rugido de las olas y el viento que agitaba las hojas de las palmeras.

En casa, ahora mismo, millones de personas probablemente estaban poniendo sus alarmas, planchando camisas, sintiendo ya ese nudo en el estómago por la semana que se avecina. Cosas normales.

Se quedó mirando fijamente el cielo oscuro, con todas esas estrellas que parecían indiferentes. Una parte de él aún se aferraba a esa idea estúpida y desesperada: si apretaba los ojos con fuerza y ​​rezaba con todas sus fuerzas, tal vez despertaría de nuevo en su cubículo gris, con el olor a alfombra y el zumbido del aire acondicionado.

Pero cuando el sol volvió a darle en la cara a la mañana siguiente, no había aire acondicionado. Solo calor. Y ese hambre voraz que le retorcía las entrañas. De esa que ninguna porquería de máquina expendedora podría calmar.

El primer día fue básicamente el pánico del domingo prolongado.

Caminaba de un lado a otro de la playa, gritando con la garganta desgarrada hacia el horizonte vacío. Ni siquiera buscaba comida ni agua. Buscaba alguna excusa. Alguna forma de explicar por qué demonios no estaba en su escritorio.

Porque en su cabeza, todo se reducía a una sola cosa: no podía faltar al trabajo.

Al mediodía, la sed se volvió insoportable. Sentía la lengua como cuero viejo, pegada al paladar. Fue entonces cuando su cerebro de oficinista se activó: el mismo que estaba entrenado para arreglar hojas de cálculo y optimizar procesos absurdos.

Cocos. Recordaba haber visto a gente abrirlos en documentales como si nada.

Encontró uno en el suelo, marrón y peludo. Lo recogió con sus manos suaves e inútiles, que solo habían servido para teclear y sostener tazas de café.

Lo estrellé contra una roca.

Una vez.

Dos veces.

Tres veces.

Nada. Ni una grieta.

La sacudida le provocó un dolor intenso en el brazo. Le temblaban los dedos. Las lágrimas le escocían en los ojos.

"¡Tengo un maldito título universitario y ni siquiera puedo abrir un maldito coco!", gritó, cambiando a una piedra más pequeña por pura rabia.

La roca rebotó.

Le di justo en la mano.

La ampolla de ayer reventó al instante.

Caelum dejó caer el coco y se agarró la mano, jadeando. La sangre se mezclaba con la arena mojada.

Se quedó sentado allí, respirando con dificultad, mirando fijamente sus dedos temblorosos.

Y entonces le impactó.

La naturaleza no iba a cambiar por él.

Él era el que tenía que cambiar... o moriría.

La segunda noche fue igual de mala.

El frío se coló sin previo aviso. Su arrugada chaqueta de oficina no le protegía en absoluto del viento.

Pero no era el frío lo que le impedía dormir.

Fueron los sonidos.

Algo se mueve en la selva. Se oyen ramas que crujen. Se oye el susurro de las hojas. ¿Pasos?

Se quedó paralizado, conteniendo la respiración. Su corazón latía tan fuerte que estaba seguro de que lo que fuera podía oírlo.

Miró fijamente a la oscuridad… y no vio nada.

Entonces se detuvo.

Y entonces... un gruñido bajo. Cerca. Demasiado cerca.

Caelum apretó los dientes, paralizado, convencido de que todo había terminado. El juego había terminado.

Pero fuera lo que fuese... simplemente se fue.

El silencio volvió.

And with it, the scariest thought yet: he could die right here on this stupid island, and nobody would ever even know he was gone.

The third day brought everything into sharp, ugly focus.

Thirst wasn't uncomfortable anymore. It was urgent.

He tried making fire. Rubbed two sticks together like he vaguely remembered from somewhere.

Minutes passed. Then hours.

The sun beat down on him. Sweat poured down his face, soaking his white shirt that was already turning yellow and ripping at the seams.

New blisters formed on his wrecked hands.

He gritted his teeth and kept going.

No spark. Just warm dust and more frustration.

Finally he flopped onto his back, chest heaving, glaring at the sky.

How the hell could something so basic be this fucking hard?

Because he'd never needed it before. His old life had babied him so much it left him completely useless.

Days blurred into weeks.

Time stopped being "hours" and turned into one long string of fuck-ups.

When the first storm hit, it caught him with his pants down.

His crappy shelter of branches and leaves fell apart in minutes.

Rain hammered him. Wind ripped everything away.

He tried holding it together with his bare hands, like sheer willpower could fix it. Useless.

Ended up soaked, shivering, covered in mud, curled up in the middle of the night.

Didn't sleep at all.

And he got it: just trying wasn't enough.

He actually had to learn.

So he did.

Watched. Tested. Failed. Tweaked. Tried again.

Used vines to tie things instead of loose branches. Reinforced the base. Changed the roof angle.

It wasn't pretty.

But this time… it held.

Fishing was its own special kind of torture.

He'd shove his hands in the water and the fish would scatter before he could even blink.

Hours. Days.

Until he stopped flailing and started actually paying attention.

Movement. Shadows. Reflections in the water.

He sharpened a stick with a rock. His first real tool.

Missed a hundred times.

But one afternoon his arm moved at exactly the right moment.

The spear went in.

Caelum froze, staring at the small fish like he couldn't believe it was real.

Then he pulled it out and ate it raw.

First bite made his stomach flip.

Second one… didn't.

Tasted like shit.

But it also tasted like not dying today.

A month later…

Caelum Donald Vesper was gone.

Or at least the guy on that forgotten ID card was.

The guy looking back at him from the water had long, tangled hair, a thick beard, skin baked by the sun and covered in scratches and bug bites.

His clothes were wrecked—shirt sleeves torn off for bandages, pants cut into ragged shorts, feet bare and tough as old leather.

He didn't even walk the same anymore. Moved slower. More careful. Like the island had taught him.

By the end of the second month, he realized something.

He wasn't counting down to Monday anymore.

Didn't think about the report at all.

That old fear had faded.

In its place were simpler, sharper ones: the dark, the hunger, the storms, just… staying alive.

One day while gathering firewood he found the ID card again.

Picked it up. Looked at the photo.

El traje. La corbata. Esa expresión cansada y sin vida.

Ya ni siquiera se parecía a él.

Ese tipo se había aprendido de memoria cómo vivir... pero nunca vivió de verdad.

Caelum dejó caer la carta de nuevo en la arena.

Y siguió caminando.

Sus manos estaban ahora callosas. Sus pies, duros como el cuero. Su cuerpo, maltrecho.

¿Pero su mente?

Se sentía despierto.

Por primera vez en años, no se sentía medio dormido a las diez de la mañana.

Algo que estaba enterrado bajo toda esa rutina comenzaba a resurgir.

Lento. Poco a poco.

Pero real.

Esa misma tarde, mientras recogía leña cerca de la orilla, algo le llamó la atención.

En el horizonte.

Al principio pensó que solo era un efecto de la luz.

Pero no.

Estaba allí.

Una pequeña silueta.

Un barco.

Caelum se detuvo en seco.

Su corazón empezó a latir con fuerza.

Lo que sintió no fue puro alivio.

Fue… complicado.

Dio un paso hacia el agua, con la mirada fija en el horizonte.

Y por primera vez desde que aterrizamos en esta maldita isla…

No estaba seguro de querer regresar.

Estaba pensando en lo que vendría después.

La cadena vieja se había roto.

Pero algo nuevo…

Apenas estaba empezando.

More Chapters