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Chapter 3 - Capítulo 2

Capítulo 2: El Desvío del Guion y el Juguete del Destino

El timbre que anunciaba el final de las clases resonó con una vibración metálica que, para el resto de los estudiantes, significaba libertad o actividades extracurriculares.

Para el antiguo Koushi Shirota el de la línea de tiempo original, ese sonido habría sido el pistoletazo de salida para correr hacia la sala del consejo estudiantil, impulsado por una mezcla de terror y una curiosidad masoquista, buscando respuestas sobre el fenómeno imposible que acababa de presenciar.

Pero para el nuevo Koushi no se movió de su sitio hasta que el aula quedó casi vacía.

"Ir a verla ahora sería validar su juego", pensó mientras guardaba sus cosas con movimientos lentos y deliberados.

"El Shirota original era un idiota funcional. Ir a preguntar '¿qué pasó?' es entregarle las llaves de tu dignidad en bandeja de plata". Él sabía perfectamente qué había pasado.

Sabía que ella era una entidad que manipulaba la causalidad a través de su propia exhibición. Y, sobre todo, sabía que ella esperaba que él apareciera, temblando, listo para ser moldeado en el "clóset humano" que cargaría con sus secretos y sus pertenencias.

Koushi colgó su mochila al hombro y salió de la escuela por la puerta trasera, evitando deliberadamente el ala del consejo estudiantil.

Mantuvo su rostro como una máscara de apatía, ocultando el hecho de que era el único ser humano en ese radio de kilómetros o incluso en el planeta que recordaba el mundo antes del reinicio.

Su inmunidad era su activo más valioso, y no pensaba revelarlo hasta que tuviera la soga lista para el cuello de la "Diosa".

Mientras caminaba por las calles teñidas de naranja por el atardecer, Koushi analizaba a su oponente.

Recordaba retazos de lo que este mundo intentaba ser: un anime de baja estofa, un desfile de situaciones forzadas para el placer del espectador.

"Takamine Takane... una chica que destruiría la vida de cualquiera para mantener su imagen. Si no acepto ser su esclavo, usará la carta del acoso sexual. Me convertirá en un paria social antes de que pueda decir una palabra en mi defensa." Era un movimiento sucio, efectivo y perfectamente coherente con la psicopatía de una perfeccionista extrema.

Pero toda fuerza tiene un vector opuesto. Si ella estaba dispuesta a usar la realidad como plastilina, él necesitaba una herramienta que operara en la misma frecuencia de lo absurdo.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por una escena mundana.

Una anciana vacilaba en la orilla de una avenida concurrida, apretando una bolsa de compras contra su pecho.

En este mundo de comedia romántica, ayudarla probablemente activaría algún evento de "buena suerte" o un encuentro accidental con una heroína secundaria.

Koushi suspiró, el nihilismo luchando con la pizca de decencia que aún conservaba.

—Déjeme ayudarla —dijo con una cortesía monótona, casi mecánica. Tomó las bolsas y le ofreció el brazo.

Cruzaron la calle en silencio, esquivando el flujo de autos que parecían moverse en una coreografía predeterminada.

Al llegar al otro lado, la anciana lo miró con ojos que parecían ver más allá de su fachada de indiferencia.

—Eres un joven con un peso muy grande en los hombros —comentó ella, rebuscando en su bolso—. Toma esto, hijo. No es mucho, pero a veces las cosas más simples mantienen el equilibrio del mundo.

Le entregó un yoyo de madera, viejo pero perfectamente pulido, con una cuerda de seda blanca. Koushi lo aceptó por puro instinto.

— Gracias —respondió él, viendo a la mujer alejarse.

Koushi comenzó a caminar de nuevo, haciendo descender el yoyo y recuperándolo con un movimiento fluido de la muñeca.

Subir y bajar. Acción y reacción.

El ritmo del juguete le ayudaba a concentrarse.

Fue entonces cuando la idea llegó.

En este género de historias, existía un recurso tan trillado como efectivo: la hipnosis.

En un mundo normal, la hipnosis era sugestión psicológica sutil.

En un mundo de comedia romántica ecchi, la hipnosis solía ser un "superpoder" narrativo que forzaba situaciones ridículas.

Casi siempre terminaba en fracaso: Con el protagonista siendo humillado o la chica fingiendo estar bajo el efecto para burlarse de él.

"Sin embargo", razonó Koushi, viendo el yoyo oscilar frente a sus ojos, "este mundo ya rompió la lógica. Si Takamine puede retroceder el tiempo desnudándose, la lógica de este universo dicta que la hipnosis no solo es posible, sino que es una fuerza absoluta si se aplica correctamente."

Se detuvo bajo la luz de una farola que acababa de encenderse.

— Si ella puede controlar el tiempo, yo controlaré la mente que percibe ese tiempo —murmuró.

El plan era arriesgado.

La hipnosis en estos mundos solía requerir un objeto de enfoque o una vulnerabilidad emocional. Takamine parecía invulnerable, pero su "perfección" era su mayor grieta. Su necesidad de ser vista como una Diosa perfecta la hacía dependiente de la percepción ajena.

Koushi guardó el yoyo en su bolsillo. No usaría el juguete para hipnotizarla de inmediato —eso sería demasiado imprudente—. Pero el concepto era la clave.

Necesitaba encontrar el "activador", el método científico o mágico que este mundo aceptara como válido para doblegar la voluntad de alguien tan arrogante como ella.

Si lograba que Takamine cayera en un estado de sugestión, no solo evitaría ser su "clóset"; podría reprogramar cada uno de sus impulsos dominantes.

Podría convertir a la diosa en una espectadora de su propia caída.

— Nada importa, Takamine-san —dijo Koushi al aire frío de la noche—. Así que no te importará perder lo único que crees poseer: tu libertad de borrar tus errores.

Con una sonrisa pequeña y carente de calidez, Koushi reanudó su camino a casa. El guion original acababa de ser incinerado y solo es su primer día.

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