Capítulo 1: Una Decepción existencial y el Retorno del Status Quo
El zumbido monótono de la voz del profesor en el aula de 2-A era el telón de fondo perfecto para el desprecio silencioso que crecía en el pecho de Koushi Shirota. El aire se sentía viciado, cargado de la falsa normalidad de un mundo diseñado para el consumo rápido y las risas enlatadas.
— Shirota, ven a recoger tu examen —dijo el profesor con desgana, agitando una hoja de papel.
Koushi se levantó. Su cuerpo se movía con la torpeza residual de su "yo" anterior, pero su mirada era nueva: fría, observadora y profundamente aburrida. Tomó el papel de la mano del maestro.
Un gran "52" estaba escrito en rojo en la parte superior.
En su pasada, Koushi Shirota habría estado aliviado de no reprobar, se habría disculpado o habría prometido esforzarse más. El nuevo Koushi simplemente lo miró con total indiferencia. La nota no le importaba; el conocimiento que ya poseía, una inteligencia superior al promedio y afilada por el nihilismo, estaba muy por encima de los absurdos estándares de esta preparatoria de cartón.
Volvió a su asiento, caminando con una confianza contenida que pasó desapercibida para la mayoría, excepto por una persona.
Koushi se sentó y cruzó las piernas, preparándose para el espectáculo privado del que solo él, gracias a su recién adquirida "inmunidad" y un poco del conocimiento de la trama, sería testigo.
Desvió la mirada hacia Takane Takamine, que estaba sentada en la fila de alado, quien le devolvió la mirada. Ella emanaba una aura de fría perfección, con su uniforme impecable y su postura real, también estaba confundida por la mirada apatía qué recibió.
Ignorandola mientras esperaba el reinicio, Koushi se sumergió en los nuevos recuerdos que bombardeaban su mente. Reflexionar sobre el pasado de esta persona tan patética le causaba una náusea existencial.
Antes de tropezar con el secreto de Takamine, Koushi Shirota era el epítome de la mediocridad. Un chico borroso, un simple extra en el fondo de la vida de los demás. No tenía amigos cercanos, sus habilidades deportivas eran inexistentes, sus notas promedio, y su única aspiración era graduarse sin que nadie recordara su nombre.
— A mí tampoco me importaba tener muchos amigos en mi vida pasada—pensó el nuevo Koushi, cerrando los ojos por un momento—. Pero este tipo... este tipo no tenía ambición. No tenía alma. Era solo un espacio en blanco esperando a ser llenado.
Una conmoción en la parte delantera de la clase lo devolvió al presente.
El profesor le estaba entregando el examen a Takamine.
— Takamine-san, un resultado excelente, como siempre —comentó el maestro, pero su tono era ligeramente diferente, una pizca de duda—. Sin embargo...
Un susurro de incredulidad recorrió el aula cuando los estudiantes vieron la nota. No era el "100" habitual. Era un "98".
El mundo pareció detenerse por un microsegundo. Para la "Diosa" de la academia, un 98 era un fracaso absoluto.
Takamine tomó la hoja, su rostro permaneció impasible, pero Koushi pudo ver la tensión en sus nudillos, que se volvieron blancos.
— Profesor —su voz era gélida, precisa—. ¿Está seguro de que no hubo un error en la corrección?
— Lo revisé dos veces, Takamine-san. La respuesta en la pregunta cuatro estaba incompleta.
Koushi sintió una oleada de anticipación, no por el placer erótico que el mundo esperaba que sintiera, sino por la confirmación de la patética necesidad de perfección de Takamine. Sabía exactamente lo que venía.
Mientras el profesor continuaba repartiendoas exámenes llamando a los demás estudiante de la clase para que pasaran al frente, Takamine se quedo al frente Ella no regreso a su asiento, mientras miraba su examen con una expresión que prometía represalias temporales, los recuerdos de Koushi lo llevaron aún más atrás, al origen del absurdo romance de este "mundo de mierda".
Recordó con asco visceral la infancia de Shirota y Takamine.
Solían encontrarse en un parque polvoriento para cuidar juntos a un gato callejero. En ese entonces, Takamine no era la presidenta del consejo estudiantil, fría y dominante. Era una niña más dulce, más accesible, con una sonrisa que no parecía un arma.
"Qué cliché tan insoportable", pensó el nuevo Koushi. "La niña rica y perfecta y el niño invisible unidos por un animal desamparado. Es como si el universo mismo estuviera escrito por un adolescente obsesionado con los tropos de las comedias románticas más clichés y poco originales qué su mente pudo imaginar."
Vio el recuerdo de cuando Takamine, impulsada por la inocencia y el afecto de la infancia, se había armado de valor y le había confesado sus sentimientos al joven Shirota.
Y recordó con desdén y decepción pura cómo había terminado esa situación.
Shirota, debido a su timidez paralizante y su total falta de amor propio, se había sentido abrumado. No sabía cómo responder a una emoción tan directa. Se había quedado helado, balbuceando, y finalmente había huido, dejando a Takamine parada allí, con su confesión colgando en el aire como una bofetada.
Tras ese día, Takamine dejó de ir al parque. Terminó adoptando al gato, al cual llamó Kuro, según los recuerdos de este patetico intento de protagonista. Takamine se sumergió en el estudio y la disciplina, forjando la coraza de frialdad y perfección que ahora la definía. Su corazón se endureció, y su necesidad de control se volvió absoluta qué aunque ella sigue enamorada del Koushi Shirota tiene miedo de perderlo otra vez.
"Es tan patético", concluyó Koushi, observando a la chica de 98 puntos. "Su tonta timidez creó este monstruo de arrogancia. Ella se volvió así porque él no tuvo las agallas de decirle que sí, o que no, o cualquier cosa con sentido y lo peor es la falta de sentido común del Koushi original, según algunos clips que recuerdo haber visto, Takamine le dio un beso y el imbecil pensó que era actuado"
Pero el Koushi actual solo sentía apatía. No había simpatía por la niña herida y profundamente enamorada qué está, ni desprecio por el niño cobarde y Princeso. Solo una comprensión fría de cómo la estupidez de ambos había construido este escenario absurdo.
Un zumbido familiar, como de electricidad estática, resonó en los oídos de Koushi.
Una mariposa de neón, la manifestación visual de la Vía de la Virgen Eterna, se activó en la visión de Koushi. El mundo a su alrededor pareció temblar, las luces se difuminaron y el tiempo comenzó a enrollarse sobre sí mismo.
Vio a Takamine en el centro del aula quitarse las bragas sin ninguna vergüenza, su expresión de disgusto reemplazada por una determinación maníaca.
Koushi ya sabía que ella se quitaría las bragas en medio del aula, un acto que reiniciaría el tiempo a un punto antes del examen.
Koushi sintió una leve náusea, no por el espectáculo (era agradable) , sino por la repetición insensata de la misma estupidez. La inmunidad que había obtenido cuando la vio desnuda por primera vez, en ese almacén, era el único ancla que le permitía presenciar esto sin verse afectado por el olvido temporal.
El tiempo se reinició.
El aula volvió al estado anterior a la entrega de los exámenes.
— Shirota, ven a recoger tu examen —dijo el profesor de nuevo.
Koushi se levantó, caminando con la misma indiferencia. Tomó el papel de nuevo.
"52".
Volvió a sentarse, observando cómo Takamine era llamada. Ella caminó hacia el profesor con el mismo aire de superioridad, pero esta vez, al recibir su examen, lo miró con una sonrisa imperceptible de triunfo.
Mostró el papel a la clase.
Un "100" absoluto brillaba en la parte superior.
Un murmullo de admiración recorrió el aula. El status quo había sido restaurado. La "Diosa" seguía siendo perfecta.
Koushi Shirota soltó un suspiro apenas audible, mirando por la ventana hacia el cielo azul, que parecía tan falso como todo lo demás en este mundo.
— Qué desperdicio de tiempo —murmuró para sí mismo—. Pero al menos ahora sé que ella depende de esta trampa para ser perfecta. Y eso es algo que puedo usar.
Un plan empezaba a solidificarse en su mente. Nada de esto importaba, claro, pero si estaba atrapado en esta comedia romántica de mierda, al menos se aseguraría de que el final fuera mucho más interesante de lo que el guion original permitía.
O simplemente quemaría el mundo, le daba igual lo que pasaría.
