Por la noche, tras haber acostado a sus hijos y disfrutado de una celebración con sus compañeras —con quienes terminó compartiendo un momento íntimo al comer pastel directamente de sus cuerpos—, Rosita llegó a la habitación de su jefe. Debajo del uniforme de sirvienta llevaba una lencería exquisita.
Entró al cuarto apoyándose con sensualidad contra la puerta, clavando la mirada en el humano que la esperaba en la cama. Avanzó hacia él con pasos lentos y seductores, plenamente dispuesta a usar su cuerpo como la muestra definitiva de agradecimiento por el drástico y positivo giro que él le había dado a su vida.
...
Al día siguiente, Meena regresaba al teatro sosteniendo en sus manos un pequeño pero elaborado muffin. Su precaria situación económica actual no le permitía ofrecer mucho más, pero se había esmerado al máximo en su preparación, aferrándose a la esperanza de que ese detalle le abriera una oportunidad.
Se detuvo justo enfrente del edificio. Respiró hondo, repitiéndose mentalmente las palabras que iba a decir una y otra vez, y tras un largo momento de vacilación, se dispuso a entrar.
En el interior del teatro, varios animales uniformados trabajaban arduamente como organizadores, tramoyistas y guardias de seguridad. Todo el personal operaba bajo el mando del joven humano, aunque en ese instante seguían las indicaciones directas de Buster Moon.
Al divisar a Buster, Meena tomó aire con fuerza dispuesta a acercarse, pero la casualidad quiso que se topara primero con el otro director del show.
Meena: ¡Oh! Lo siento, yo... —Se disculpó a toda prisa, visiblemente sobresaltada.
Riuz: Está bien. ¿Meena, verdad? —Negó con la cabeza, fingiendo un ligero aturdimiento por el impacto— ¿Qué haces aquí? —Preguntó arqueando una ceja— No recuerdo que tu nombre quedara entre los seleccionados...
Meena: ¡Eh...! Sí... No, digo... No. Yo... por eso mismo vine. —Reaccionó con torpeza y nerviosismo.
No podía olvidar la imponente presencia del humano; de hecho, estar frente a él le resultaba mucho más intimidante que hablar con Buster Moon. Aprovechando que se había topado con uno de los directores principales, extendió las manos hacia el frente, ofreciéndole el dulce con timidez.
Meena: Esto... es para ti... —Murmuró con el corazón acelerado.
Riuz alzó una ceja, tomó el muffin sin el menor reparo y le dio un buen mordisco. Lo sostuvo con una mano mientras analizaba a la elefanta con una mirada analítica.
Riuz: Está bueno... ¿Qué es lo que quieres? —Habló con una marcada indiferencia profesional, asumiendo de antemano que aquella ofrenda venía con intenciones ocultas.
Meena: Esto... sí, yo... —Los nervios la traicionaron, haciéndola tartamudear mientras se esforzaba por exponer su situación— Ayer me puse muy nerviosa... y luego llegó Mike... Entonces, mi canto... —Se interrumpió, incapaz de formular una explicación concisa.
Riuz: Alto. —Levantó una mano para detenerla, con una expresión que demostraba que no necesitaba escuchar más— Vamos a hablar arriba —Indicó antes de dar la vuelta hacia las escaleras. En el trayecto, volteó un segundo hacia el escenario— ¡Ey, Buster! Voy a usar las oficinas. ¡Que nadie me moleste en la próxima media hora!
Buster: ¿Eh? ¡Sí, sí, lo que tú digas! —Respondió apenas mirándolo de reojo, concentrado en darle indicaciones a una husky trajeada.
Riuz y Meena subieron las escaleras, con la elefanta sintiendo cómo la ansiedad le oprimía el pecho. Al llegar, el humano entró en la oficina de la señora Crawly y se acomodó en la silla giratoria. Se cruzó de piernas, entrelazó los dedos sobre su regazo y clavó sus ojos en ella.
Riuz: Bien, cuéntame qué es lo que quieres. —Sentenció con frialdad.
La joven elefanta sintió un nudo asfixiante en la garganta. Ser observada de esa manera la hacía sentir como si estuviera en un examen. Por fortuna, había repasado sus argumentos en el camino, por lo que sus palabras fluyeron con un poco más de soltura, a pesar del temblor de su voz.
Meena: Yo... quiero otra oportunidad. Ayer estaba demasiado nerviosa... por eso quiero pedirle que me deje audicionar otra vez. Yo sé que puedo hacerlo bien...—Expresó intentando mostrar determinación, aunque su seguridad se iba desmoronando ante la imperturbable seriedad del hombre.
Riuz: Está bien. —Asintió con total desapego.
Meena: ¡¿En serio?! —Exclamó con los ojos iluminados por la ilusión.
Riuz: Sí, pero tendrás que ganártelo. —Replicó con voz plana.
Meena: ¡Claro, no se preocupe! Yo le demostraré...—Se apresuró a decir, llena de alivio, pero sus palabras se congelaron en su garganta al ver cómo el humano se ponía de pie con total naturalidad y comenzaba a desabrocharse los pantalones. Entonces retrocedió un paso, completamente desconcertada— ¡¿Qué... qué está haciendo?!
Riuz: ¿Uh? Pensé que lo entendías. —Arqueó una ceja, mirándola como si su reacción fuera absurda— Si quieres otra oportunidad, vas a tener que ganártela "lustrando la manija". ¿Qué otra cosa esperabas?
Meena: ¡¿Qué?! ¡No! ¡Yo no esperaba nada de esto! ¿Por qué haría algo así? Yo solo quiero una oportunidad para cantar, no...—Reaccionó escandalizada, entrando en pánico mientras se cubría los ojos con las manos y sus propias orejas.
Riuz: Eres demasiado inocente, ¿verdad? —Soltó una risa seca, con un tono marcadamente burlón— Así es como funciona esta industria; hay reglas tácitas que se deben seguir. ¿De verdad creías que por traer un muffin, por muy bueno que estuviera, podías venir aquí a exigir lo que quisieras? ¿Por qué habría de dejarte volver así como así? No me has dado ninguna razón para hacer una excepción contigo, a menos que estés dispuesta a sacrificarte un poco.
Meena: Pero yo... yo merezco una segunda oportunidad. Ayer no pude dar lo mejor de mí, y luego Mike me interrumpió y me robó el lugar... —Se pegó de espaldas contra la puerta, buscando desesperadamente que sus argumentos lo hicieran recapacitar.
Riuz: Niña, deja de ser tan ingenua. ¿Crees que solo porque te invadieron los nervios tenemos que detener todo el itinerario para complacerte? No te creas el ombligo del mundo; no eres nadie especial. —Sentenció con crueldad, triturando sus esperanzas con total indiferencia— Lo de Mike fue abrupto, sí, pero yo estuve ahí y lo vi todo: tardaste demasiado en reaccionar y ni siquiera te quejaste en el momento. No luchaste por tu oportunidad. ¿Por qué deberíamos darte un trato preferencial? ¿Tienes idea de cuántos participantes estaban nerviosos, enfermos o sufrieron contratiempos fuera de su control? Todos hicieron lo que pudieron y fueron descartados. No eres nadie para exigir algo diferente. Eres solo una elefanta tonta e ingenua que no sabe cómo es la vida real y que fue incapaz de vencer sus propios miedos para alcanzar su sueño. Puede que tengas un talento oculto que nadie conoce, pero si ni siquiera eres capaz de abrir la boca para demostrarlo, no es nuestra culpa haberte rechazado y mandado a casa.
Las palabras del humano fueron devastadoras, frías y afiladas como cuchillos, golpeando directamente las mayores inseguridades de Meena. La pobre chica, completamente desarmada ante semejante e implacable dosis de realidad, se derrumbó por completo y comenzó a llorar sin consuelo.
Meena: Lo siento... —Se disculpó con la voz rota y sin una razón real, simplemente por puro instinto defensivo, como si cargara con la culpa de todo.
Riuz: No te disculpes, estas cosas se aprenden tarde o temprano en la vida. —Abrió uno de los cajones del escritorio, sacó un cigarro y lo encendió, más por pura ambientación y control de la escena que por un gusto particular— Y bien, ¿vas a hacerlo? No tengo todo el día. Si de verdad quieres participar en el show, más te vale comenzar —Sentenció, señalando con la mirada sus pantalones desabrochados y su ropa interior blanca.
Meena: ¡No! ¡Que no! Yo... yo no puedo hacer algo así... —Negó rápidamente con la cabeza, retrocediendo al recordar con horror lo que él esperaba de ella.
Riuz: ¿Acaso no querías una segunda oportunidad? —Preguntó con voz plana, mirándola fijamente.
Meena: Sí, pero esto... esto no... —Sollozó, completamente abrumada.
Riuz: Mira, sé que eres nueva en esto, así que te explicaré cómo funciona. Esto es lo básico. —Se recostó en el sillón con total parsimonia, haciendo que el bulto en su ropa interior se marcara de forma evidente— ¿Quieres otra oportunidad? Puedo dártela. ¿Quieres patrocinio? ¿Publicidad? ¿Quieres ser la estrella del show? Todo eso se puede arreglar en un segundo. En esta industria, los artistas buscan patrocinadores que los impulsen y los defiendan... E incluso si no lo buscas, si no tienes suerte, la vida misma te obligará a hacer esto si no quieres quedar fuera del negocio. Así que no te sientas mal, míralo como un simple gaje del oficio. Si tu meta es ser cantante y trabajar en este medio, es un peaje que vas a tener que pagar.
Meena: No, eso no puede ser verdad... —Negó con la cabeza, aterrada por lo que escuchaba.
Aquellas palabras le resultaban insoportables; aceptarlas significaba escupir sobre sus propios sueños y transformar su mayor anhelo en una pesadilla.
Riuz: Todos lo hacen. Complaces a un director hoy y mañana tienes tu gran oportunidad; te acuestas con un productor y tu rostro está en toda la publicidad. —Continuó con frialdad, restándole importancia al asunto— No te rompas la cabeza por eso. Incluso estrellas de la talla de Gazelle usan su cuerpo para abrirse paso en la industria, te lo aseguro; mi propio padre se la tira... Pero no vayas a contarlo por ahí, como te dije, es una regla tácita. Así que empieza rápido y sal de esto; retrasarlo solo dañará tu carrera —Advirtió, dejando ver un destello de impaciencia—. O empiezas ya, o te aseguro desde este momento que no lograrás absolutamente nada como cantante.
Meena: Eso no es verdad... Yo iré a hablar con el señor Moon y él... —Intentó aferrarse a una última línea de defensa.
Riuz: Ese koala no te va a ayudar en nada. —La interrumpió con una sonrisa condescendiente— ¿De verdad crees que es una buena persona con el poder de salvarte? El premio se redujo a la mitad porque está completamente en la quiebra; esos cincuenta mil dólares salieron de mi propio bolsillo. Buster está ahogado en deudas y va a perder el teatro. Entre él y yo, ¿a quién crees que va a apoyar si le vas con quejas? Deja de vivir en un mundo de fantasía; aquí no hay héroes ni villanos, solo intereses. Tú me haces feliz a mí y yo te hago feliz a ti. Si no te interesa, cruza esa puerta y vuelve a tu vida mediocre, pero no nos hagas perder el tiempo —Resopló.
Meena se estremeció de pies a cabeza. Sintiendo que su mundo entero se desmoronaba entre las lágrimas, se dio la vuelta y colocó su mano temblorosa sobre la manija de la puerta.
Riuz: Ve, vete. Muere pobre y con tu talento enterrado. Si quieres cantar, tienes que hacer sacrificios como todos los demás; no eres especial. —Lanzó sus palabras como puñales, buscando quebrar su última pizca de resistencia— Si quieres triunfar, tendrás que pagar el precio como cualquiera.
La elefanta se congeló en el sitio, sintiendo cómo su fuerza de voluntad se hacía añicos. La palabra "pobreza" la golpeó con una fuerza devastadora. La situación financiera de su familia ya era crítica, y escuchar aquello la hizo sentir que no tenía futuro, que la maldición de la mala suerte se ensañaba con ellos una vez más. Apoyó la cabeza contra la madera de la puerta y rompió en un llanto desconsolado, convencida de que ese sería su trágico destino: su voz moriría en el anonimato y cualquier esfuerzo por salir adelante sería en vano. Sus sollozos llenaron el silencio de la oficina.
Riuz: Mira... niña... Hagamos un trato. —Adoptó un tono sutilmente más compasivo al ver que ella se había detenido, refinando su estrategia— La industria es un lugar muy oscuro, pero si haces lo que debes hacer conmigo... yo me aseguraré no solo de que cantes, sino de que jamás tengas que volver a pasar por esto con nadie más. Conozco a demasiadas estrellas que terminan vendiendo su alma, pasando de mano en mano para mantener su puesto, y muchas veces ni siquiera llegan lejos. Pero yo te puedo proteger si cumples conmigo. Créeme, como humano, poseo cierto prestigio y poder en este mundo. Te puedes ahorrar mucha humillación y degradación; solo tienes que hacerlo conmigo esta vez... —Ofreció con aparente consideración—. Claro, eso si realmente te interesa cantar. Si no es así, ni te molestes; a mí solo me interesa la gente que de verdad está dispuesta a todo por este arte.
Meena: ¡Yo sí quiero...! Pero... no puedo... —Murmuró entre sollozos, sintiéndose desgarrar por dentro.
Riuz: ¿Qué te cuesta? Solo ponte de rodillas y haz un pequeño trabajo con la boca... o con tu trompa.—Apagó el cigarro en el cenicero mientras continuaba con su manipulación psicológica— Todos lo hacen; no serás ni mejor ni peor que las grandes estrellas, míralo simplemente como una iniciación. ¿Tienes novio?
Meena: No... —Respondió con un hilo de voz.
No sabía por qué seguía allí en lugar de huir, aunque la realidad era que sus piernas fallaban debido a la inmensa tensión y al colapso de su estado mental.
Riuz: Entonces, ¿por qué te preocupas tanto? E incluso si tuvieras novio, él no debería interponerse en tu sueño. Si de verdad te amara, entendería que es algo necesario para tu carrera. Además, mírate, soy un humano; mi anatomía ni siquiera se acerca a la de un elefante macho. Prácticamente no sentirías nada; para ti sería como jugar con un fideo... ¿Por qué me esfuerzo tanto en convencerte? Si no te importa el show ni el dinero, ¿para qué sigues aquí? Vuelve a tu casa; yo le daré esta oportunidad y el dinero a alguien que de verdad lo necesite y sepa aprovecharlo. —Acentuó sus palabras con astucia.
Meena tembló, sintiendo que las piernas le fallaban una vez más. Ella, más que nadie, necesitaba desesperadamente ese dinero. No podía dejar de pensar en su familia: la precaria salud de su abuelo, las facturas acumulándose... Si las cosas seguían así, perderían la casa muy pronto y terminarían en la calle. Necesitaba ingresos con urgencia, y Riuz no pasó por alto ese estremecimiento.
Riuz: Oh... Veo que al final sí te interesa el dinero. Eso es algo que podemos arreglar. —Habló con el tono de un perverso pero irresistible patrocinador— ¿Qué te parece esto? Ponte de rodillas ahora mismo y te prometo un puesto en el concurso. Es más, incluso si llegas a perder, me encargaré de conseguirte un trabajo, ya sea cantando en un club nocturno o haciendo un comercial de supositorios... Vamos, una chica en tu situación necesita una fuente de ingresos estable. Muchos en este medio hacen lo mismo; es solo un pequeño sacrificio a cambio de una vida mejor para ti... o para quienes más te importan —Añadió bajando el volumen de la voz en la última frase, pero asegurándose de que cada palabra se clavara en la mente de la elefanta.
Meena: ¿Realmente... usted puede...? —Preguntó con extrema dificultad, sintiendo que estaba firmando la venta de su propia alma.
Riuz: Lo juro por mi apellido, Zooblack. Si vienes ahora, esa puerta se abrirá para ti y, dependiendo de tu desempeño... tu camino en la industria estará completamente asegurado.—Sentenció mientras hacía rodar la silla hacia la ventana para bajar la persiana.
La oficina quedó sumida en la penumbra, convirtiéndose en un espacio privado y oculto a cualquier mirada exterior. Con el corazón oprimido y muriendo por dentro, pero con la mente fija en el bienestar de su familia y en que esta era su última oportunidad para salir de la miseria, Meena comenzó a avanzar con pasos lentos y torpes.
El humano abrió las piernas mientras contemplaba cómo la joven elefanta, con la mirada completamente vacía y una nueva tanda de lágrimas desbordando sus ojos, se arrodillaba frente a él. A pesar de estar en el suelo, su tamaño seguía siendo imponente, por lo que tuvo que encorvarse notablemente.
Meena miró a Riuz, quien se limitó a hacerle una seña inequívoca para que procediera a desvestirlo. Con manos temblorosas y torpes, ella le bajó los pantalones y la ropa interior. El miembro del humano quedó expuesto ante sus ojos, provocándole un respingo de terror que la incitó a retroceder y huir de la habitación; sin embargo, Riuz la sujetó de la cabeza con firmeza. Aunque le costaba retenerla por la diferencia de fuerza, el gesto bastó para que ella reaccionara y se obligara a quedarse.
El pánico entumeció sus pensamientos, dejándola congelada en el sitio, asimilando el shock de la situación. Finalmente, ante la presión de la mano del humano y soltando un último sollozo, Meena abrió la boca y extendió la lengua, resignándose a lamer el miembro, experimentando su textura y su sabor.
La elefanta se obligó a mover la cabeza de arriba abajo con suma dificultad, mientras Riuz mantenía la mano apoyada sobre su coronilla. Ella se repetía internamente que lo hacía por el futuro de su familia, un recordatorio que el propio humano reforzaba susurrándole promesas de éxito, fama y dinero mientras mantenía los ojos cerrados, disfrutando del torpe acto.
En el fondo, Meena tuvo que admitir que el humano no mentía: para su anatomía, aquello era tan pequeño que apenas podía percibirlo físicamente, restándole cualquier incomodidad física, aunque la profunda humillación y la degradación psicológica permanecían intactas. Se esforzó por complacerlo lamiendo la zona, pero su absoluta falta de experiencia y la abismal diferencia de especies hacían que el proceso fuera tosco. Riuz, consciente de que este era apenas el inicio del adoctrinamiento de su nueva estrella, no la presionó demasiado; se dejó llevar por el estímulo y, en poco tiempo, terminó liberando su carga directamente en la boca de la elefanta.
Meena se sobresaltó ante la inesperada reacción. Sin embargo, el disparo del humano fue tan reducido y repentino en comparación con su propia capacidad que, antes de que pudiera procesar la idea de escupirlo, el líquido ya había bajado por su garganta de forma inevitable, volviendo inútil cualquier intento por vomitarlo.
Riuz: Estuvo bien... pero hay mucho que mejorar. —Comentó con simpleza mientras se ponía de pie y se acomodaba los pantalones.
Meena se sentía completamente aturdida cuando abandonó la oficina. Al bajar las escaleras, el único pensamiento en su mente era correr a su casa a refugiarse y llorar por lo que acababa de hacer. Anhelaba confesarle a su madre que había cometido un acto horrible y buscar su consuelo, aunque eso significara revelar el sucio precio por el que se había vendido.
Al llegar a la planta baja, la cercanía del resto de los concursantes la hizo querer huir a toda prisa, pero Riuz la tomó del brazo y le ordenó que esperara. Ella no quería obedecerlo más, pero su voluntad estaba quebrada. El humano avanzó en dirección a Buster Moon.
Riuz: Buster, tenemos a una participante más que añadir al itinerario del show. —Anunció con naturalidad.
Buster: ¿Qué? ¿Otra participante? —Cuestionó desconcertado, sin embargo, al recordar que el humano era quien financiaba el premio y el Teatro Moon, cambió de inmediato su expresión— Digo... claro, por supuesto, entre más seamos, mejor... ¿De quién se trata?
Riuz: Meena. —Señaló hacia atrás—Es la elefanta que vino a las audiciones ayer; no pudo cantar debido a los nervios, pero les aseguro que tiene la voz de un ángel. Hay que dejarla para el gran final o algo por el estilo.
Buster: Sí, seguro, como tú digas. Que se presente a las prácticas mañana mismo.—Respondió mirando de reojo la silueta de la elefanta, quien se mantenía oculta entre las sombras de las cortinas, impidiendo que se notara que había estado llorando.
Riuz se limitó a asentir y se retiró del lugar. Meena contempló la escena con el corazón latiéndole a mil por hora en el pecho; había conseguido entrar al concurso de la forma más rápida y sencilla posible... pero a un costo devastador.
Apenas tuvo consciencia del camino de regreso a su hogar. Caminó de forma mecánica con la capucha puesta y los auriculares al máximo, mientras sus dedos acariciaban los mil dólares en efectivo que Riuz le había entregado en la oficina como una "inversión inicial" para su futura estrella.
Sentía que el hermoso mundo de la música en el que tanto había soñado era en realidad un pozo de alquitrán denso y oscuro. No sabía cómo catalogar sus emociones. ¿Humillada? Sí, definitivamente, aunque físicamente apenas lo hubiera sentido; el verdadero daño estaba en su alma, la cual había dejado de ser pura. Al cruzar el umbral de su casa, su familia la recibió de inmediato, alarmada al notar el rastro del llanto en sus mejillas. El pánico se apoderó de ellos, pero al ver sus rostros llenos de angustia, Meena forzó una sonrisa y dejó que una nueva oleada de lágrimas cayera, esta vez ocultando su dolor.
Meena: ¡Lo logré! ¡Conseguí entrar al show! —Anunció, ahogando la profunda culpa de su corazón con tal de ver a su familia feliz.
