Los años pasaron volando, de verdad. Esos fragmentos de recuerdos que antes me bombardeaban de vez en cuando ahora están totalmente integrados en mi cabeza. Ya sé quién soy. Sé que estos recuerdos son de otra vida, de otro mundo, y aunque al principio fue extraño, ahora lo entiendo todo. Eso sí, tener la mente de alguien que ya "vivió" cambió mi forma de ser; en cierto punto, esa identidad de mi vida pasada ha reemplazado al niño que nació aquí.
"Renacer... es un concepto de locos", pienso a veces. En mi otra vida, la magia era cosa de cuentos de hadas; hoy, la experimento en carne propia. Pero bueno, supongo que debería empezar desde el principio para que me entiendas.
Hola, soy Alex Asmodavi. He renacido en un mundo de fantasía donde existe la magia y, para colmo, soy un "joven maestro".
Bajé de mi cuarto saludando a mis padres. Desde que mis recuerdos de adulto tomaron el control, parte de mis memorias de cuando era un niño pequeño se han borrado, así que mis recuerdos más recientes son de ahora, que ya soy grande.
—Regresa temprano —me dijo mi padre. —Claro, padre —respondí.
Salí de la enorme casa hacia afuera, donde un coche privado me estaba esperando.
—Buenos días, joven maestro —dijo el chofer abriendo la puerta con una inclinación. —Buenas —respondí con un saludo rápido.
Al entrar en el coche, me encontré con dos caras conocidas que ya me esperaban. A mi izquierda estaba Renzo Valer, mi confidente.
—Debería ser más puntual, joven maestro —me soltó Renzo en cuanto me senté—. Hoy es el día de graduación y mañana será la fiesta de celebración. —Lo sé, por eso me desperté un minuto más temprano —le dije para que no empezara con sus sermones. —Eso no es propio de alguien de su posición; debe ser puntual. —Lo sé, lo sé, no necesito tu sermón, ya tengo suficiente con los de mis padres.
En ese momento, oí una voz que se acercaba corriendo a toda prisa.
—¡Ya estoy aquí!
Era Ima. Entró apresuradamente al coche y se sentó justo al otro costado.
—Señorita Ima, creo que le dije varias veces que no sea impuntual —la reprendió Renzo de inmediato. —Lo siento, no sé cómo se me hizo tarde, te juro que vendré más temprano la próxima vez —dijo ella tratando de recuperar el aliento. —Eso es lo que dice día a día; no veo que haya cumplido mucho de eso.
El coche empezó a moverse mientras Renzo seguía reprendiéndola. Y sí, tal como escuchaste, soy un "joven maestro". Pero no hablo del típico rico que contrata sirvientes por ahí. No. Soy un verdadero joven maestro: el tipo de persona que tiene sirvientes que crecieron conmigo y que, desde que nacieron, estaban destinados a serlo.
Si te preguntas cómo es eso posible, bueno, es porque este mundo es diferente. Aquí la democracia no existe mucho; vivo en un país donde existe la nobleza y tenemos una familia real, bueno, teníamos; desde que se formó la federación ya no son tan relevantes, pero la nobleza sí ha conservado su poder. Mi familia, los Asmodavi, está debajo de prácticamente nadie, somos de las familias principales de este país y encima de muchos. Los únicos que podrían venir a comparanos a nosotros serían otras familias de alto nivel.
Me sorprendió cuando me enteré de que todos los niños y personas que conocí durante casi toda mi vida fueron seleccionados por mi familia: sirvientes, ayudantes, consejeros, guardias... Todos están aquí para mi seguridad y, si fuera necesario, deberían morir en mi lugar.
Mientras el auto avanzaba, miré las casas por la ventana. En algún punto, lo único que pensé al ver a la gente de afuera fue: "Personas que puedo usar". Es un pensamiento extraño que se me quedó grabado con el tiempo; supongo que es parte de mi nueva identidad.
Suspiro... a veces siento que esto es irreal...
Miré a Ima y a Renzo, que estaban a mis costados. Siempre quise ir sentado junto a la ventana, pero nunca me dejaron. Me dijeron un montón de cosas que al final entendí como: son mis escudos de carne. Si algo pasara, ellos serían los primeros en recibir los daños.
A medida que avanzábamos, otros coches de cristales oscuros aparecieron y rodearon el nuestro mientras nos alejábamos del centro de nuestro dominio. Sabía perfectamente qué había dentro: magos muy poderosos encargados de protegerme.
