Cherreads

Chapter 11 - The Day the Underworld Fell Silent

Sirzechs Lucifer watched the screen with apparent calm, though his fingers drummed rhythmically on the throne's armrest. Beside him, seated in a relaxed posture but with his eyes fixed on the data flowing in a magic circle, was Ajuka Beelzebub, the Demon King in charge of technology and creator of the Evil Pieces.

"What do you think, Ajuka?" Sirzechs asked without taking his eyes off his sister. "I've never seen Rias move her pieces with such coldness."

Ajuka adjusted his glasses and the data on his screen began to flash red.

"It's fascinating, Sirzechs. I've analyzed thousands of Rating Games, but what we're seeing breaks every statistical pattern. Kiba and Koneko's energy consumption is 40% more efficient than their previous records. They're not 'fighting'; they're executing perfect combat algorithms."

Ajuka pointed to the figure of Issei, who was walking calmly through the central courtyard.

—And everything seems to revolve around that human. His presence acts as a tactical catalyst. Look at Rias's formation; they're not protecting their King, they're clearing a path for him to reach Raiser. It's as if the system of pieces has been rewritten by someone who understands combat better than we do.

In the rest of the hall, chaos was growing. Phoenix Clan supporters shouted in outrage as Raiser's pieces were systematically removed.

"That human must be using some forbidden artifact!" shrieked an elder of the council. "No mortal can coordinate a retinue of demons in that manner!"

"It's not an artifact," Ajuka murmured to himself, with a smile of scientific curiosity. "It's pure experience. That kid moves like a veteran of a thousand battles in the body of a student."

The tension reached its peak when Raiser Phoenix landed in the central courtyard, engulfed in a whirlwind of fire, blocking Issei and Rias's path. The entire Underworld held its breath. The Phoenix's "immortality" was about to be tested by the greatest enigma seen in centuries.

The academy courtyard trembled under the oppressive heat. Raiser landed with a crash, sending up a column of fire that charred the grass around him. His face was disfigured with humiliation; his bloodshot eyes scanned the remnants of his former nobility, which vanished in particles of light across the stage.

"Enough with the tricks!" roared Raiser, spreading his fiery wings. "Rias, I'm going to show you why humans are only good for turning into ash beneath our feet!"

Se impulsó con una explosión, convirtiéndose en un proyectil de llamas vivas. Cargó todo su poder en su puño derecho, creando un vórtice ígneo que prometía reducir a escombros el edificio escolar.

—¡MUERE, GUSANO! —gritó, lanzando el impacto directo al rostro de Issei.

Rias estuvo a punto de gritar su nombre, pero se detuvo al ver que Issei ni siquiera se ponía en guardia. Con una calma que desafiaba toda lógica, él simplemente levantó su mano izquierda. El golpe de Raiser generó una onda de choque que hizo estallar los cristales cercanos y levantó una densa nube de polvo. El Inframundo guardó un silencio sepulcral, esperando ver los restos calcinados del humano.

Sin embargo, cuando el humo se disipó, la imagen dejó a los espectadores sin aliento. Issei seguía allí, de pie, sin haber retrocedido un milímetro. Había detenido el puño llameante de Raiser con la palma de su mano desnuda. No había quemaduras ni dolor; solo una mirada gélida que parecía traspasar el alma del Fénix.

—¿Esto es todo, Raiser? —preguntó Issei. Su voz resonaba con una autoridad que apagó momentáneamente el chisporroteo del fuego—. Hablaste tanto de tu inmortalidad que olvidaste lo más importante: un golpe sin convicción no puede herir a un verdadero guerrero.

Raiser tartamudeó, intentando liberar su mano, pero era como si estuviera atrapado en una prensa de acero.

—¿Cómo... cómo es posible? ¡Mi fuego es el de un demonio de clase alta! ¡Deberías ser polvo!

—Tu fuego es solo ruido —sentenció Issei.

Cerró su mano sobre el puño de Raiser y se escuchó el crujido de los huesos cediendo. Por primera vez en el juego, un grito de dolor real salió de la garganta del heredero Phoenix.

«Compañero, ya es hora», retumbó la voz de Ddraig, proyectándose fuera del cuerpo de Issei para que todos pudieran oírla. «Dales una razón para temblar».

Un brillo carmesí comenzó a filtrarse desde los poros de Issei y el aire alrededor se distorsionó por un calor masivo; uno que hacía que el fuego de Raiser pareciera el de una simple vela. Raiser retrocedió tambaleándose en cuanto Issei lo soltó.

—No... no puede ser... —balbuceó, mirando su mano fracturada que apenas empezaba a regenerarse—. ¡Tú eres solo un humano! ¡Un sucio peón!

Issei no respondió. Un latido sordo y profundo, como el de un corazón colosal, retumbó en el campo de batalla. El suelo bajo sus pies comenzó a brillar con el color de la sangre.

—¡WELSH DRAGON! —La voz de Ddraig fue un rugido que sacudió los cimientos de la dimensión.

Un estallido de luz envolvió el brazo izquierdo de Issei. La presión mágica fue tan devastadora que Rias tuvo que cubrirse el rostro para no ser arrastrada. En el palco real, Ajuka Beelzebub se puso de pie al ver que sus pantallas explotaban ante una lectura de poder que superaba cualquier escala conocida.

Cuando la luz se disipó, el Boosted Gear apareció por primera vez. El guantelete rojo metálico, con su gema esmeralda brillando intensamente, cubría el brazo de Issei hasta el codo.

—¿Un... Sacred Gear? —susurró Rias con asombro—. Pero esa presencia... no es normal.

—¡BOOST! —bramó el guantelete.

El aura de Issei se duplicó instantáneamente, creando un torbellino de energía que extinguió las llamas de Raiser por completo.

—Escúchame bien, Raiser —dijo Issei, y su voz ahora tenía un eco metálico y ancestral—. Vos jugás a ser un dios porque podés sanar tus heridas. Pero yo porto el poder de aquel que fue capaz de matar a los dioses.

Issei dio un paso al frente y el cronómetro del cielo pareció detenerse.

—¡BOOST! ¡BOOST! ¡BOOST! —El guantelete repetía el aumento de poder sin descanso, haciendo que el cielo púrpura se tiñera de un rojo intenso.

Raiser, aterrorizado, creó una ráfaga de fuego masiva en un intento desesperado por defenderse.

—¡No me importa qué seas! ¡Soy un Phoenix! ¡Soy inmorta...!

—Ya te lo dije, Raiser —lo interrumpió Issei, apareciendo frente a él en un parpadeo de velocidad pura, con el guantelete cargado de energía destructiva—. La inmortalidad es solo una excusa para los que no saben que la muerte los está mirando de frente.

Issei no le dio el golpe de gracia. En su lugar, desactivó la presión por un segundo, dejando que Raiser recuperara el aliento. Quería que el Inframundo viera la diferencia absoluta entre un heredero arrogante y un verdadero guerrero.

Al sentir que la presión disminuía, Raiser creyó ver una oportunidad. El miedo en sus ojos se transformó en una furia ciega.

—¡Te confiaste, humano estúpido! —gritó, regenerando su brazo con un estallido de llamas—. ¡Nadie sobrevive a la verdadera llama del fénix!

Raiser extendió sus alas y se lanzó al ataque lanzando ráfagas de fuego continuas. Issei se movía entre las llamas con una elegancia aterradora; no usaba el Boosted Gear para atacar, sino para bloquear y desviar los golpes con movimientos mínimos, como si estuviera dando una lección de combate.

—¡BOOST! —resonó el guantelete.

Cada vez que Raiser lanzaba un puñetazo, Issei lo recibía con la palma de la mano, devolviendo el impacto con una onda de choque que sacudía los órganos internos del demonio.

—¿Esto es todo lo que ofrece el Clan Phoenix? —preguntó Issei mientras esquivaba una patada descendente—. Tu técnica es descuidada. Confías tanto en tu regeneración que olvidaste cómo defenderte.

Raiser estaba perdiendo los estribos. Invocó una espada de fuego y atacó frenéticamente, pero Issei simplemente la atrapó con el guantelete, apretando los dedos hasta que el arma mágica se hizo añicos en chispas de luz.

—¡Maldito seas! ¡Muere! ¡Muere! —Raiser lanzó una explosión a quemarropa.

Issei ni siquiera parpadeó. Cuando el humo se disipó, él seguía ahí, impecable, con el guantelete brillando en un verde intenso. En las pantallas del Inframundo, el público miraba con horror; no era una pelea, era una humillación pública. Ajuka Beelzebub observaba cómo, con cada Boost, Issei no solo aumentaba su fuerza, sino que parecía estar analizando la estructura misma de la magia de Raiser para anularla.

—Rias —dijo Issei en voz alta, sin apartar la vista de un Raiser que ya empezaba a jadear de agotamiento—. Mirá bien. Este es el hombre al que le tenías miedo. Un hombre que, sin su apellido y su regeneración, no es más que un niño asustado.

Issei golpeó a Raiser en el estómago; un golpe seco que no lo mandó a volar, sino que lo dejó de rodillas, vomitando sangre que se evaporaba por su propio calor.

—Levantate, Raiser —ordenó Issei con voz fría—. Todavía tenés mucha «inmortalidad» que demostrar antes de que esto termine.

Raiser se puso en pie con un grito de pura locura. Sus ojos estaban inyectados en sangre y su elegancia se había evaporado por completo. Se dio cuenta de que no solo estaba perdiendo la boda, sino su reputación frente a todo el Inframundo.

—¡No me humillarás así delante de mi gente! —chilló—. ¡Si no puedo tener a Rias, te reduciré a vos y a este lugar a cenizas primordiales!

Raiser comenzó a arder con un fuego azulado y blanquecino; una temperatura tan extrema que el suelo de la academia empezó a licuarse bajo sus pies. Sus alas se expandieron hasta cubrir casi medio patio y un fénix de fuego puro se formó detrás de él. Era la «Gran Explosión del Fénix», un ataque suicida que consumía gran parte de su esencia para generar una deflagración total.

—¡Issei, cuidado! —gritó Rias, sintiendo que el calor quemaba incluso a la distancia—. ¡Ese ataque destruirá todo el escenario!

Issei no se inmutó. Se quedó allí parado, observando la desesperación de su oponente con una calma casi divina.

—¿Es eso todo, compañero? —preguntó Ddraig dentro de su mente—. Su llama es ruidosa, pero carece de alma.

—Terminemos con esto, Ddraig —respondió Issei.

Issei levantó su brazo izquierdo. La gema verde del Boosted Gear emitió un sonido agudo, como el rugido de un motor a máxima potencia.

—¡BOOST! ¡BOOST! ¡BOOST! ¡BOOST! ¡BOOST! —Los aumentos de poder se sucedieron en menos de un segundo, tan rápidos que las pantallas empezaron a mostrar estática por la interferencia de energía.

—¡MUERE CONMIGO! —Raiser se lanzó hacia adelante, convertido en un meteoro de fuego blanco.

Issei ni siquiera cerró el puño. Extendió la palma del guantelete y pronunció una sola palabra que detuvo el tiempo:

—TRANSFER.

En lugar de atacar a Raiser, Issei transfirió una parte de su inmenso poder acumulado directamente al ataque de su enemigo. No para fortalecerlo, sino para sobrecargarlo. El fuego blanco de Raiser se volvió inestable, cambiando a un color verde esmeralda antes de colapsar sobre sí mismo.

En un parpadeo, Issei atravesó el fuego como si fuera agua y puso la mano directamente en el rostro del demonio.

—Esto es por Rias —susurró.

—¡EXPLOSION! —rugió el guantelete.

Una onda de choque carmesí estalló desde su mano. No hubo fuego, solo una fuerza de impacto tan masiva que el fénix de Raiser se desintegró al instante. El heredero salió disparado, atravesando tres edificios escolares antes de quedar incrustado en la torre del reloj, inconsciente y con las alas rotas.

The silence that followed was absolute. The clock in the sky stopped.

—Raiser Phoenix, eliminated. The winner is Rias Gremory's entourage—announced Grayfia, her voice betraying, for the first time, a hint of astonishment.

Issei deactivated the gauntlet. A light steam emanated from his left arm as he turned to face Rias, who was looking at him with tears in her eyes.

"I promised you, didn't I?" Issei said with his usual calm smile.

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