NOTA: JOJOJOJOJOJO, GENTE DEJEN SUS PIEDRAS DE PODER, ESTA VEZ NO ME OLVIDE DE PONER EL TITULO AL CAPITULO XD
—Esos ruidos... ¿Por qué no suenan como los gruñidos grotescos de los zombis? Son... extraños —murmuró Saya para sí misma, completamente atónita.
Abrumada por una curiosidad que superó a su miedo, decidió seguir la fuente de aquellos ecos amortiguados.
Sus pasos, ahora silenciosos, la guiaron a través del umbral de una suite de lujo. Conforme avanzaba, el sonido constante de agua cayendo a presión comenzó a inundar sus oídos, mezclándose con los ruidos anteriores, los cuales habían cesado de manera abrupta justo cuando ella entró en la estancia.
Experimentando una creciente sensación de incomodidad que no lograba comprender, Saya caminó hacia la puerta del baño principal y, tras dudarlo un segundo, tocó detenidamente la madera con los nudillos.
¡Knock, knock!
Al otro lado de la puerta, el mundo pareció congelarse.
Takeshi y Saeko, quienes en ese preciso instante tenían el pecho agitándose violentamente debido a lo que estaban por hacer y que se encontraban completamente cegados por las hormonas indomables de la juventud, se detuvieron en el acto.
Sus cuerpos quedaron rígidos como estatuas de piedra, conteniendo la respiración y con el pulso acelerado por la peor clase de susto.
Por un milisegundo, ambos pensaron que se trataba de algún zombi rezagado que había logrado burlar su matanza, pero sus temores cambiaron de naturaleza cuando una voz muy conocida y cargada de sospecha resonó desde el exterior.
—Hola... ¿Saeko-senpai? ¿Takeshi-sensei? ¿Hay alguno de los dos ahí dentro? —preguntó Saya Takagi, entrecerrando los ojos con evidente cautela.
Al identificar la voz de Saya, tanto Takeshi como Saeko dejaron escapar un suspiro de alivio imperceptible en sus fueros internos; al menos no era un monstruo caníbal como habían pensado.
Sin embargo, la relajación dio paso inmediato a un pánico absoluto. Se miraron fijamente a los ojos en un tenso juego de recriminaciones y confusión:
«¿Tú me miras? ¡Yo te miro! ¡¿Qué hacemos?!».
Al final, mostrando un valor admirable a pesar de que apenas se estaba recuperando del frenesí del momento, fue Saeko quien tomó la iniciativa para responder.
Colocando un dedo sobre sus propios labios para exigirle a Takeshi el más absoluto de los silencios, la hermosa mujer se aclaró la garganta lo mejor que pudo y alzó la voz hacia la puerta:
—Sí... ¿Qué pasa, Saya?
A pesar de sus esfuerzos por sonar natural, la voz de Saeko aún arrastraba un matiz ligeramente ronco y una respiración sutilmente agitada que no pasó desapercibida para los agudos oídos de Saya.
Fuera del baño, Saya frunció el ceño, detectando la anomalía de inmediato.
—¿Senpai? ¿Te encuentras bien? — preguntó Saya, pegando literalmente la oreja a la superficie lisa de la puerta, agudizando su sentido del oído en un intento desesperado por captar cualquier otro sonido o vibración del interior.
—U-Uhhh... Sí, estoy perfectamente bien. ¿Por qué lo preguntas? ¿Ha ocurrido algo grave? —respondió Saeko, forzando una estabilidad que ponía a prueba todo su autocontrol.
—Ah... bueno, es que me pareció escuchar una serie de sonidos bastante extraños desde el pasillo y pensé que algo andaba mal por aquí... —explicó Saya, sin despegar la oreja de la madera.
—¡U-Uh! Bueno, como puedes notar, todo está en perfecto orden —se apresuró a decir Saeko, improvisando sobre la marcha
—Simplemente me estaba dando una ducha muy necesaria. Después de todo, no puedo ser tan desconsiderada como para meterme a la piscina apestando a sudor y completamente manchada con la sangre de esos zombis... Sería antihigiénico.
Al escuchar los argumentos de su Saeko, Saya sintió en el fondo de su brillante cerebro que había piezas que no encajaban del todo en esa explicación, pero la explicación era lo suficientemente lógica como para no encontrarle fallas de inmediato.
Por un breve instante se quedó sin argumentos, sumida en la duda. Al final, recordando el motivo principal de su búsqueda, decidió interrogarla sobre el paradero de Takeshi.
—Uh, bueno, en eso tienes toda la razón, senpai —admitió Saya tentativamente —Por cierto... ¿De casualidad sabes dónde se metió sensei? No lo hemos visto regresar.
Un silencio espeso y prolongado se instaló en el baño. Dentro, Takeshi miró a Saeko con los ojos desorbitados.
Con una velocidad increible, comenzó a gesticular de forma exagerada con las manos y a mover los labios sin emitir un solo sonido, tratando de transmitirle una coartada coherente: «Planta baja... zombis... limpiar... arrastrar cuerpos».
Saeko, leyendo los labios de su hombre con perfecta precisión, captó la idea al vuelo y la asimiló en su discurso.
—Bueno... sensei me comentó antes de bajar que se encargaría personalmente de los cadáveres restantes de los zombis. Dijo que los llevaría hacia la planta baja para deshacerse de ellos adecuadamente y evitar cualquier contratiempo o infección en los pisos superiores. Así que... supongo que en este momento estará ocupado allá abajo —declaró Saeko, modulando su voz para que sonara lo más convincente posible.
Fuera de la habitación, Saya frunció levemente el ceño una vez más, sopesando la información recibida.
—Ohhh... Ya veo... Entiendo —respondió de manera arrastrada, no del todo convencida pero sin pruebas para refutarlo.
Otro silencio incómodo y asfixiante se extendió por el lugar. En el interior del baño, los corazones de Saeko y de Takeshi latían con una fuerza salvaje, golpeando con tanta intensidad que temían que Saya pudiera escucharlos a través de la puerta.
Por unos segundos de pura agonía, ambos fijaron la mirada en el pomo metálico de la puerta, aterrorizados ante la sola idea de ver cómo giraba y revelaba su secreta e íntima situación ante Saya.
Si Saya abría esa puerta, los encontraría con las manos en la masa. Afortunadamente para los dos, ese desastre no se hizo realidad.
—Oh, bueno, si las cosas son así, entonces regresaré con el resto —respondió finalmente Saya, despegando por fin la oreja de la puerta de madera.
Su tono denotaba una completa resignación, convenciéndose a sí misma de que su mente brillante simplemente le estaba jugando una mala pasada debido a la fatiga.
—En todo caso, no te tardes demasiado, senpai. Todos los demás las estamos esperando abajo... y la verdad es que ya tenemos algo de hambre.
—Sí, está bien, no te preocupes. Regresaré muy pronto, en cuanto termine de ducharme y cambiarme —aseguró Saeko de inmediato, respirando al fin con un poco de alivió.
Saya se limitó a asentir para sí misma en el pasillo vacío y, dando media vuelta, comenzó a retirarse.
Al poco tiempo, el eco de sus pasos alejándose sobre el suelo del pasillo resonó con claridad hasta desaparecer por completo.
Cuando los pasos de Saya finalmente dejaron de resonar en el pasillo y tras esperar unos pocos minutos adicionales para estar completamente seguros, ambos soltaron un suspiro cargado de un alivio infinito.
La tensión acumulada se evaporó de golpe. Takeshi, sintiendo que las fuerzas le flaqueaban tras el tremendo susto, se dejó caer pesadamente sobre el suave pecho de Saeko, apoyando su rostro entre sus pechos mientras sentía como si mil años de vida se le hubieran inyectado de golpe en el cuerpo.
El peligro de ser atrapados había sido más desgastante que la mismísima limpieza de los diecinueve pisos del hotel.
—Eso estuvo realmente cerca —dijo Saeko con una sonrisa tranquila y divertida, sin mostrar rastro de arrepentimiento. Con una ternura infinita, comenzó a acariciar el cabello mojado de Takeshi, intentando calmar la situación.
Takeshi simplemente asintió con la cabeza, disfrutando de la calidez de su tacto. A decir verdad, nuestro protagonista realmente había temido que los hubiesen descubierto con las manos en la masa.
No es que temiera que el grupo se enterara de su relación con Saeko o algo por el estilo, pues en este mundo destruido las reglas antiguas ya no importaban, pero simplemente habría sido una situación sumamente vergonzosa y difícil de explicar ante las demás. Por fortuna, la suerte había estado de su lado y no pasó a mayores.
Sin embargo, el incidente le sirvió como una dura lección mental. Takeshi se recordó a sí mismo que siempre, sin importar la situación, debía estar atento a su entorno.
En ese momento se había dejado dominar por completo por el calor del momento y las hormonas de la juventud, bajando la guardia y descuidando sus alrededores.
Si en lugar de Saya la persona que tocaba la puerta hubiese sido un superviviente hostil armado, o un zombi mutante que se hubiera colado por el pasillo, probablemente las cosas habrían terminado en una tragedia irreversible. En el apocalipsis, un solo segundo de distracción podía costar la vida.
—¿Y bien?... ¿Te agradó? —preguntó Takeshi, decidiendo cambiar de tema para alejar los pensamientos sombríos mientras levantaba la mirada.
Saeko detuvo los movimientos de sus dedos sobre su cabello por un instante, procesando la pregunta, y después asintió con una chispa de fuego en sus ojos.
—Se sintió muy bien... Sobre todo al final, fue sumamente emocionante, ¿no lo crees, sensei? —respondió Saeko con una sonrisa coqueta y peligrosa.
Takeshi levantó por completo la vista y, al contemplar el rostro explosivo y radiante de Saeko, se quedó momentáneamente sin palabras.
Saeko era, después de todo, Saeko; una mujer hermosa que encontraba un placer único en el peligro.
En todo caso, parecía que debido a la interrupción de la pelirrosa el siguiente paso definitivo no se pudo dar en esa ocasión, pero Takeshi no estaba para nada apresurado. Sabía que tarde o temprano sucedería, y la anticipación solo lo hacía más interesante.
—Bueno... admito que fue bastante emocionante —confesó Takeshi con una sonrisa honesta, provocando que Saeko emitiera una suave y melodiosa carcajada que resonó en el baño.
—En todo caso, deberíamos volver ya con el resto del grupo. Nos hemos tardado mucho tiempo aquí arriba y van a empezar a sospechar de verdad —dijo Takeshi, acariciando con suavidad la mejilla de Saeko, apartando un mechón de cabello húmedo.
—Tienes toda la razón, volvamos de una vez —respondió Saeko, asintiendo con docilidad.
Antes de separarse y salir de la suite, ambos acercaron sus rostros lentamente, dándose un beso profundo y apasionado, una promesa silenciosa de lo que ocurriría cuando volvieran a estar a solas.
Mientras tanto, en el área de la piscina, el ambiente era completamente diferente.
—¡Jeje~ ¡Toma esto, Saya! — Shizuka Marikawa salpicó agua juguetonamente, lanzando una gran cantidad directo a la cara de Saya, quien no hacía mucho tiempo acababa de regresar de su infructuosa búsqueda por los pasillos.
—¡Hmph~! ¡Esto no se va a quedar así! —Saya tampoco se contuvo en lo absoluto e inmediatamente lanzó un feroz contraataque.
Sin perder un segundo, la joven agarró una pistola de agua de juguete que tenía oculta y roció un chorro potente directo en el rostro de Shizuka, haciendo que la hermosa enfermera pusiera una expresión sumamente divertida mientras intentaba cubrirse en vano.
El hermoso rostro de Shizuka quedó cubierto por algunas manchas de agua y su largo cabello rubio se le pegaba a las mejillas debido a la humedad.
—¡Takagi Saya, eres una tramposa! ¡De verdad usaste un arma de verdad que tramposa que eres! —se quejó Shizuka entre risas, agitando las manos para bloquear los chorros que Saya le lanzaba sin piedad.
—¡Jeje~! ¡Nadie dijo en las reglas que no pudiéramos usar accesorios o herramientas como estas! —Saya sonrió con total picardía, disfrutando de su pequeña venganza.
Desde que había regresado a la piscina, Saya había accedido a dejar de lado sus extraños pensamientos para intentar divertirse con Shizuka.
Sin embargo, desde el primer momento, la descuidada Shizuka la había estado "acosando" a su manera: salpicándola con agua cada vez que tenía la menor oportunidad y, con frecuencia, tomando su rostro sin previo aviso para aplicarle técnicas de "limpieza facial" usando su suntuoso e imponente pecho, asfixiándola en un abrazo que hería el orgullo de Saya.
Saya llevaba bastante tiempo harta de ese trato, por lo que, aprovechando un descuido en el que Shizuka no la estaba viendo, corrió rápidamente a la tienda de trajes de baño cercana a la piscina y tomó la pistola de agua de juguete para nivelar el campo de juego.
A unos metros de la batalla, Rei y Meiko se relajaban plácidamente en las cómodas tumbonas dispuestas junto al borde de la piscina.
Ambas llevaban puestos hermosos trajes de baño que hacían resaltar su piel clara y perfecta, volviéndolas el centro de atención, bueno eso pasaría si hubiese otras personas aparte de ellos.
En todo caso aquellas prendas cubrían estratégicamente las dos partes más íntimas de sus cuerpos.
Sin embargo, era precisamente debido a eso, al hecho de que se podían contemplar libremente todos los demás rincones de sus figuras, pero no esos dos puntos específicos que despertaban una imaginación sin límites en cualquiera que las mirara, haciendo que surgiera el deseo inevitable de quitarles el bañador para contemplar esas dos vistas increíbles en todo su esplendor.
—¡Vaya, veo que se lo están pasando de maravilla por aquí! ¡Parece que casi se han olvidado por completo de mí!
En ese preciso momento, la voz de Takeshi resonó en la gran estancia de la piscina. Nuestro protagonista acababa de llegar al lugar, arrastrando con un poco de esfuerzo un asador para carne grande y cargando en sus brazos otras cosas indispensables como carbón y utensilios de cocina.
Con una sonrisa satisfecha en el rostro, Takeshi les habló directamente a Saya y a Shizuka, quienes detuvieron su juego en el agua al notar la presencia de la otra parte.
