Cherreads

Dandadan - Manipulando al mito

Murmhub
--
chs / week
--
NOT RATINGS
3.5k
Views
Synopsis
Las voces retumbaban, no frenaban ni daban un cese. Eran cientos, miles incluso, de vidas abandonadas. Perdidas y desvanecidas. Crujían, reían, lloraban, morían o nacían. Tal vez sólo existían y yo las apreciaba. Vidas tan plenas, arrebatadas en un instante. Vidas miserables, vidas buenas o ancladas. Hacían mella dentro mío. Inundaban mis recuerdos. Me hacía con ellas por completo. No podía dejarlas, darles la espalda como ya lo había hecho el mundo mismo en su sintonía. Las aprecie. Las cuide. Las preserve y me las quedé.
VIEW MORE

Chapter 1 - Prólogo - Noche estrellada

Nota autor: El inicio va a ser un tanto mierdero, mi culpa xd.

No logré encontrar una forma en la que pudiera hacer que todo se sienta fluido, pero denme tiempo, prometo que esto mejorará.

Lean, voten y comenten si gustan.

Les dejo el inicio de la historia euuuuu

Prólogo: Noche estrellada

-- "Ahora que he recuperado mis poderes, no tengo razón para seguir con ustedes. Adiós" ¡¿Puedes creerlo?! ¡Se fue así como así! —la voz algo chillona de Momo hacía mella en mis oidos, puestos que estaba gritando justo enfrente mio.

-- Ja- jaja —me reí, sin saber que otra cosa poder hacer en respuesta a sus quejas —Y.. y bueno, ese era el trato al fin y al cabo.

No quería aceptarlo, pero esa situación me había puesto algo triste.

-- ¡Lo sé pero aún así! ¡Se ha olvidado de todo lo demás! —me causaba gracia que especialmente ella se viera afectada por esto, y verla patalear con el diminuto tamaño que tenía la hacía ver aún más tierna —. Dios, incluso mi abuela estuvo esperando que volviera con hambre luego de unas horas fuera.

-- Si, yo también esperaba que volviera luego de un rato, es raro no tenerla insultandonos.

Quise soltar una risa, pero no salió mas que aire ahogado sin sonido alguno.

Tal vez esto delato mi estado de animo actual, ya que los ojitos de Momo me miraron con preocupación.

-- Tu estás bien? Digo, eres el principal afectado después de todo..

Su voz se fue haciendo cada vez más pequeña, casi inaudible, teniendo cuidado de tocar alguna fibra supongo.

-- Que va~ es raro ya no tener los poderes, pero fuera de eso no me siento tan mal —mentira.

Pero aún así, hice mi mayor esfuerzo por mostrarme normal, algo decaído pero normal. No podía dejar que mis sentimientos llegaran a afectar a Momo.

-- Ugh, creo que debo ir yendo —mire el cielo despejado, notando como la luna era la única fuente de luz en él.

Me agache sobre mis talones, dejando con sumo cuidado a la chica de cabellos castaños en el suelo.

Cuando estaba por levantarme, sentí un jalón en mis dedos, por lo que volví mis vista hacía abajo.

-- Okarun... —sus mejillas estaban teñidas de un rojo particular, casi diría que de un rosa pastel que lo único que lograba era aumentar su belleza —. Nos vemos mañana, va?

Su sonrisa me contagio, plasmando una en mi rostro también.

-- Claro! Te espero en la escuela :D

Nos despedimos el uno del otro y sin más me fui en la bicicleta que a menudo frecuentaba.

Si bien tuve que pedalear bastante, la brizna de aire fresco que chocaba contra mis mejillas se sentía bastante bien y gratificante.

Una vez llegué a la zona rural, note la poca cantidad de gente que había en la calle. Normalmente habría más teniendo en cuenta que tan solo eran las 11 de la noche, pero por extraña razón podría contar la cantidad de traunsentes con los dedos de las manos.

No tarde mucho más en llegar a mi casa, tome la llave que se encontraba debajo de la alfombra de bienvenida en caso de que se perdiera la propia, única en este caso, de la residencia.

Abrí la puerta y entre, dejando que la acogedora comodidad de mi hogar me recibiera entre sus brazos.

Mi estómago gruño, dictando una necesidad de ingerir alimento, aunque bien que hace menos de una hora me encontraba reacio a comer cualquier cosa.

Tal vez era el ambiente, o el lugar, o la comida, no lo sabía, pero si sabía que necesitaba algo de comida.

Encendí las luces, deje mis cosas en una silla y puse a calentar la olla.

Unos Spaghetti's estarían bien, de paso me sobran para mañana y no tendría que andar corriendo haciéndome la comida para antes de ir a la escuela.

-- Jo, que inteligente que sos Ken <⁠(⁠ ̄⁠︶⁠ ̄⁠)⁠>

Dejando las adulaciones de lado, tome las cebollas, zanahorias y morrón de la heladera.

Las cebollas y al morrón los corte en pequeños cubitos, teniendo especial cuidado de no navajearme un dedo en el proceso.

Lo arroje a la olla y, mientras se doraban, ralle las zanahorias, para luego echarlas en la olla junto con lo demás.

Una vez tuve todo más o menos ya arreglado y poniendo una olla con agua aparte a hervir y dejar cocinando las verduras en la primera, me senté, cerrando los ojos un minuto.

Sentía los ojos pesados por el cansancio y ,sumado a eso, un profundo dolor de cabeza que no parecía disminuir.

-- Voy a lavarme la cara mejor.

Hable en voz alta, tratando de no pensar de no pensar mucho, ya que incluso eso hacia doler aún más mi sien.

Fui a lavabo y hundí mi cabeza debajo de la canilla, dejando al agua caer por mí nuca, surcar mi cráneo y humedeciendo cada una de mis hebras de cabello, hasta que por la inclinación de mi cabeza caer en un pequeño chorro antes de tocar mi rostro.

Esto, aunque no en gran medida, apaciguó los constantes martilleos en mi sien. Por esto mismo decidí quedarme un rato allí, bajo el agua.

Paso el tiempo, termine de cocinar y finalmente me dispuse a cenar.

Pase un buen rato cenando, prendí la tele y rápidamente me olvidé de ella cuando me puse a scrollear por mi móvil, revisando las notificaciones que me llegaban.

Algunos mensajes de la delegada, varios reels por parte de Jiji y Sakata, y cientos de mensajes de Aira... En algún momento los respondería.

Me detuve un poco en el chat de Momo, visualizando su foto de perfil por unos momentos, para luego volver al vicio.

Para mañana me levantaría en armonía, estoy seguro.

——3 am——

-- No puedo dormir.

Su voz cansada resonó en la silenciosa habitación.

Iluminada por únicamente la luz de la luna que se colaba a través de la ventana a lado de su cama, siendo está difuminada por unas cortinas blancas.

Su cabeza era un caos, aquel dolor de cabeza no solo no cesaba, sino que aumentaba.

Llegó un punto en el que parecía comenzar a escuchar voces. Voces taladrando su cabeza que parecían querer escapar a través de su sien.

--Ken~

Una voz, tal vez dentro de su cabeza, tal vez fuera, pero esa voz silencio todas las demás.

Fue como una caricia para el pobre Takakura, que no podía mantenerse erguido por los dolores.

-- ¡Q- ¡¿quien anda ahí?!

Lo único que le respondió fue la oscuridad de su cuarto, sin embargo, nuevamente se presentó aquella voz.

--Ken~

Nuevamente lo llamo.

Los ojos del pelinegro temblaron con incertidumbre, sin embargo, bajos e su cama y emprendió el vuelo.

--Ken~

La siguió. Siguió el ruido, el tono. Se dejo guiar por lo que sus oidos eran capaces de oír y seguir.

--Ken~

Llegó hasta la puerta de su hogar.

Respiro hondo. Por su mente se presentaban mil y un escenarios, con cada uno de ellos teniendo un fatídico final.

Exhaló, y abrió la puerta.

No había nadie, despejado de cualquier tipo de vida.

--Ken~

Volvió a oír, y giro su cabeza para ambos lados. No encontró a nadie.

--Ken~

Nuevamente, solo que está vez lo sintió más pegado a él.

--Ken~

Giro su rostro nuevamente, pero está vez, con dirección al cielo.

--Ken~

--Ken~

--Ken~

--Ken~

--Ken~

--Ken~

Su cuerpo comenzó a temblar con locura, mientras con ambos ojos observaba el cielo nocturno que se cernia sobre su cabeza.

Lo que lo dejo medio atontado, y tan solo medio, fue el hecho de los innumerables destellos fugaces que adornaban al manto de oscuridad.

No era ese negro azulado de antes, era como ver un espectáculo de pirotecnia blanca. Cientos de estrellas bañaban el cielo.

Las voces comenzaron a volver, taladrando su cabeza.

--Ken~

--Ken~

--Ken~

--Ken~

--Ken~

--Ken~

--Ken~

--Ken~

--Ken~

--Ken~

--Ken~

--Ken~

--Ken~

--Ken~

--Ken~

--Ken~

--Ken~

--Ken~

--Ken~

--Ken~

--Ken~

--Ken~

--Ken~

--Ken~

Una y otra vez, hasta que finalmente colapso.

Su cuerpo se desplomó sobre los adoquines que adornaban el sendero hacía la entrada de su casa.